Estas décimas van dedicadas a todas las mujeres del mundo.
De manera muy especial, a mi madre, que ya no está entre nosotros, y a todas las mujeres que forman parte de mi círculo familiar y de amistad.
No es la mujer flor de un día
que marchita el sol tirano,
ni es barro hecho con la mano
que moldea la porfía.
Es roca y es agua fría,
es tempestad y es calma,
es el refugio del alma
y el filo de la verdad,
es lucha y es dignidad,
es el principio y la palma.
Forjó su temple en la ausencia,
labró su paz en el ruido,
y aunque el mundo haya querido
silenciar su resistencia,
ella erguida en la conciencia
convirtió el miedo en poder,
supo vencer sin ceder,
tejió redes con su aliento,
y en cada paso que dio
nos enseñó a florecer.
Nota: La foto es de mi álbum personal.