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Llorar en silencio
es la única salida
que me queda luego
de alzar varias veces
mi voz en medio del gentío.

Cuando pienso en soledad
las veces que me hago escuchar,
descubro que para los amigos,
la familia,
y hasta los conocidos
lo que yo cuente
es aburrido,
aún cuando sean proyectos personales
o problemas sobre los cuales consejo busco.

Llorar en silencio,
ahogando mis penas en
la soledad de la noche,
a la luz mortecina de una lámpara,
o en plena oscuridad,
es lo único que me queda
por hacer ante la afonía
que sufro,
sin otra presencia más
que la mía misma.
