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El mundo siempre ha sido
un caos, un ruido enorme
con ciudades a reventar y
gente buscando refugio
en pueblos pequeños
para gozar de una vida tranquila
que en la ciudad rara vez se
consigue.
Pero a pocos días de enero
el ruido aumentó, y en el viento,
el mar, el ambiente mismo se
respira un ambiente tenebroso.
La guerra cada vez más aumenta
el sonido de sus pisadas,
los corazones en vilo por lo
que sucede a su alrededor,
los animales percibiéndolo
al grado de aullar, trinar, de
lanzar la alerta.
Esta década es el espejo de
una historia que ya se ha visto
antes, de un juego macabro
donde cada nación es solo
un alfil en un gran tablero
cuya partida protagonizan
los poderosos.
¿Qué pasará en los últimos
años de esta década caótica?
La Historia tiene la respuesta,
y no es nada agradable.
Que Dios nos agarre confesados,
porque lo que se viene será terrible.
