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Hades sintió que los ojos del mundo se centraban en él de una forma desagradable, por no decir que todos los que estaban en la clínica de Hécate, tanto humanos como animales, estaban aterrorizados. Aquella reacción no era por su apariencia; él estaba aseado y vestía decentemente con jeans y camisa de manga larga, de colores discretos. Tampoco era por su olor; se había echado colonia de lavanda, su favorita y la de su esposa Perséfone.
La razón por la cual estaban aterrorizados era por su perro Cerbero. Éste medía un metro y medio de alto; tenía un cuerpo atlético, orejas puntiagudas, ojos negros y un hocico largo. Su piel oscura estaba cubierta de motas blancas. Era de carácter fiero y mirada intimidante con gente extraña, pero con sus dueños y con su veterinario era un pan del cielo. Un perro normal como cualquier otro, salvo que tenía tres cabezas.
Cerbero había llegado a la vida de Hades cuando era aún cachorro. Tifón, el novio de su secretaria Equidna, estaba regalando a unos cachorros que había encontrado en una cesta cerca de la carretera; la gente adoptó a los más bonitos, quedando solo Cerbero y Ortro, el cual tenía dos cabezas. Gerión, quien era médico, adoptó a Ortro un tiempo después y le pasó la referencia a Hades, quien quería adoptar a un animal de compañía.
Las situaciones que sucedieron tras su adopción fueron sinónimo de locura pura para Hades y Perséfone. La gente veía al perro con una mezcla de morbo y horror mientras lo paseaban por las calles de Atenas. De vez en cuando se robaba algún pan de harina y miel, aprovechando la distracción del panadero y de sus dueños cuando entraban a su tienda en el centro. En Eleusis fue protagonista de distintos incidentes con la policía, desde arrancarles literalmente el brazo a los ladrones hasta pelearse con Heracles y su gato.
Ese último incidente aconteció apenas hace un par de días. Hades se encontraba de vacaciones en Turquía con su esposa cuando lo llamó un Heracles cansado, explicándole que el perro intentó matar a su gato. Cuando regresaron a su casa de forma presurosa, se encontraron con la casa hecha un auténtico desmadre; Heracles estaba limpiando, levantando cristales, y alguno que otro retazo de ropa perteneciente a los policías que acudieron al lugar y salieron hasta con el trasero desnudo. Cerbero se encontraba sentado en el rincón, meneando alegremente la cola, cubierto de harina y miel; el gato estaba atrapado en el árbol.
"Cerbero", escuchó que llamaba la enfermera.
Hades se levantó, sujetando bien la correa del perro, y respondió: "Aquí está".
