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Eran las 6:40 de la mañana cuando Mauro se dio un facepalm al descubrir con estupefacción y vergüenza que el cuento que había enviado a un concurso local lo había borrado por accidente hace cosa de un mes. Creyó que lo había guardado en su computadora junto con los demás documentos que había descargado de la nube luego de adquirir su computadora nueva; fue a la nube a ver si lo podía rescatar.
Demasiado tarde. El cuento ya había sido destruido por completo de su papelera. No hubo posibilidad de salvarlo. Se perdió para siempre.
Mauro cerró los ojos, lanzando un suspiro de resignación. No había ganado el concurso de cuento, y planeaba publicarlo en su blog ese mismo día.
"Bueno... Eso me pasa por confiado. En fin, voy a escribir otro", se dijo a sí mismo mientras estiraba los brazos y tronaba sus manos antes de empezar con su tarea del día.
