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Argelia se sentía aburrida. Miró con atención el movimiento de la lavadora. Faltaban siete minutos para que terminara el proceso de lavado. Siete minutos que se le hacían eternos.
Mientras tanto, la gente entraba y salía; algunas, como ella, esperaban con paciencia la hora completa que llevaba en el lavado y el secado. Otros preferían dejarlo bajo encargo.
Para Argelia sería genial dejarlo bajo encargo y así lo hacía antes, pero hubo un momento en el que se produjo un incidente de confusión de ropa, entre llamadas y olvidos. Desde eso, Argelia optaba por esperar a que la ropa estuviera lista.
Levantó la mirada de su teléfono. Tres minutos más y la ropa sería metida de inmediato a la secadora para esperar otros 30 minutos. Miró la hora. Pronto tendría que ir a buscar la tortilla, así que necesitaría primero colocar la ropa en la secadora para después ir rápidamente por la tortilla antes de que cierre la tortillería.
