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El eclipse estaba en su apogeo em el cielo nocturno; era un eclipse extraño, porque no estaba segura si era un eclipse lunar o un eclipse solar. Podía observarlo desde la ventana de la casa que recién adquirí con el dinero de la lotería; me generaba una mezcla de sentimientos que iban desde la curiosidad hasta la extrañeza.
Sin embargo, algo extraño ocurrió durante el proceso astronómico: Desde el cielo llegó una pequeña casa.
Intrigada, salí para ver de cerca el fenómeno. Pronto me topé con tres extraterrestres similares a los seres humanos, con esos trajes plateados que me recordaban a los programas de la década de 1970 que solía ver de niña en la televisión de la casa de los abuelos. La estatura de estos curiosos personajes no era ni alta ni baja, y parecían ser individuos muy amigables.
Eran dos hombres y una mujer, quienes se presentaron, valga la redundancia, como Uno, Dos y Tres. Habían viajado por toda la galaxia buscando un hogar en donde pudieran vivir en paz y armonía.
El hombre que se decía llamar Dos inmediatamente notó que la casa-nave, como ellos le llamaban, era demasiado pequeña en comparación con las casas de nuestro barrio. La casa-nave era de color rojo con café; para mí se parecía más una cabaña que una casa. Su apariencia me pareció curiosa, porque parecía de esas casas que construía el INFONAVIT* en los fraccionamientos nuevos de la ciudad, todos unos huevitos. No obstante, Dos comentó que su casa-nave daba pena en comparación con las demás, pues los edificios del barrio eran grandes en cuanto a estatura.
Para estar más acorde a la armonía residencial, Dos sacó de sus pantalones un dispositivo con un botón en su centro, el cual apretó para modificar la apariencia de la casa-nave. Pronto, la pequeña cabaña transformó en una lujosa residencia color rosado suave con orillas rojas.
“Ahora sí quedó bonita”, dijo Dos con orgullo mientras entraban al edificio él y su ¿familia?, ¿amigos?, ¿quizás parejas? No lo sé.
Y quizás nunca lo sabré, porque el ruido del abanico apagándose en automático a las 5:40 de la mañana me regresó a la realidad de mi hamaca, con el sol acechando en el horizonte.
Mientras me reacomodaba para tratar de dormir un poco más, me acordé de que tenía que ir temprano al mercado a realizar unas compras, y que mi madre tenía que marcharse al centro de salud a que le hicieran sus análisis. Así mismo, recordé que ayer hubo un eclipse lunar parcial y una superluna; para infortunio mío, no pude presenciarlo debido a que estaba muy cansada, el árbol de siri que estaba en el patio de la casa estaba tan frondoso que no permitía apreciarlo con claridad desde el patio de la casa, además de que el cielo recién se estaba despejando después de llover unas horas antes.
Muchas dudas asaltaron en mi mente. ¿Habrá sido el sueño un reflejo de ese fenómeno, así como la manifestación de mi deseo de una vida tranquila sin tantos conflictos llenos de resentimiento y odio fraternal entre algunos parientes que vivían conmigo dentro de casa, conflicto que se ha estado agravando con el paso de los años hasta un punto insostenible? Quisiera pensar que sí, pero quién sabe.
Con un suspiro, mentalmente recé a Dios para que me diera paciencia, voluntad e inspiración para seguir adelante, sobre todo por mi propia salud física y mental.