Mi querido Hefesto:
Recibí tu carta hace unos días. Lo leí de la forma más concienzuda posible, sorprendida por tus palabras llenas de franqueza y sinceridad.
Reconozco que me he portado muy mal contigo, quizás peor que el resto del Olimpo, así que no tienes por qué pedirme perdón, pues es de justos enojarse ante un engaño; no obstante, te recuerdo que te advertí en la noche de bodas que yo no soy de atarme a nadie, y así lo acpetaste.
Si te soy sincera, sí me enojó que Zeus me haya forzado a casarme contigo solo por liberar a Hera del tormento de la silla de oro. Y aunque no te culpo por obrar así debido a los rechazos filiales que has recibido, te diré que debió ser Zeus quien se sentara en esa silla, pues él siempre ha sido el más grande causante de todos los conflictos que acontecen en la tierra con solo mirar y poseer a la mujer que se le antoje. Te habrías ganado el favor de Hera si hubieses obrado de ese modo.
Ahora bien, tus preguntas sobre Ares y tus disculpas hacia Hermes y Dionisos no me sorprenden. Ambos sabemos que has sabido aceptar tus derrotas ante gente que sea igual o más inteligente que tú, pues esa cualidad es lo que más admiras de la gente.
Pero debo decirte, querido Hefesto, que no estuve con Ares por nada de lo que has escrito en tu carta.
Estuve con él por compasión. Ahora somos amigos.
Te explico: Al igual que tú, Ares tiene que lidiar con el rechazo familiar. Todos sabemos que ama la guerra, el caos, la destrucción. No es el único que tiene todas esas características, y tampoco será el último. Sin embargo, él ha demostrado ser mejor padre que el mismísimo Zeus. ¿O es que acaso te olvidas de las veces que ha intentado vengar a sus hijos muertos a manos de los descendientes de Zeus, sintiendo cómo el dolor le desgarra el alma? ¿O no recuerdas el incidente de Halirrotio, en el que Ares fue acusado de su asesinato? Tú, querido esposo, no estuviste ahí, en el Aerópago. YO SÍ. Yo estaba con él cuando vio como Halirrotio golpeaba y violaba a Alcipe, su hija con Aglauro.
¿Crees que él iba a dejar sin castigo aquél aberrante crimen, como lo han hecho los demás dioses muchísimas veces? Pues te equivocas. Él no quería que su hija menor fuera humillada; buscó vengar su honor de forma directa y concisa, pues sabía que Poseidón justificaría su accionar y redirigiría la culpa hacia la víctima.
Esa noche, cuando nos agarraste en el lecho conyugal, iba a ser la última. Él y yo habíamos decidido despedirnos así, en los mejores términos posibles, pues sentimos que nuestra relación ya dio lo que tuvo que dar. Acordamos compartir el tiempo con nuestros hijos y reunirnos de vez en cuando para platicar un rato.
Quizás sea un hombre impulsivo y poco inteligente, pero en algunas cosas ha sido un hombre decente.
Para concluir con esta carta, quiero aprovechar este medio para decirte que lo mejor para ambos es el divorcio. Eres un buen sujeto, Hefesto, y creo que mereces a alguien que en verdad te ame con el alma. En mí puedes verme como una amiga, si lo deseas, como yo veré en ti a un amigo.
Si quieres hablar de ello, puedes pasarte a Pafos o a Corinto.
Sin nada más que decir, me despido.
Afrodita.
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