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"No... No, no, ¡no!", exclamé horrorizada al consultar la aplicación de mi banco.
Hace unos minutos fui al cajero de un banco cercano a la casa con la intención de retirar una cantidad de efectivo. Por supuesto, había tomado en cuenta la comisión que cobra el banco por dicha operación, dado que la tarjeta a ingresar no era de las suyas.
Mi extrañeza comenzó cuando la pantalla me marcó que no había fondos suficientes. Lo intenté de nueva cuenta con otra cantidad, y me salió lo mismo. Temiendo lo peor, consulté la aplicación de mi banco. La sorpresa fue horrible: el monto había sido reconocido, por lo tanto, no se podía recuperar el dinero.
El pánico que siguió a ello fue monumental. "No puede ser, no puede ser, no puede ser...", murmuraba una y otra vez mientras actualizaba la aplicación.
¿Qué le iba a decir a mi pariente, quien me hizo una transferencia ayer, al ver que perdí su dinero ante un banco ajeno? La cabeza empezaba a dar mil vueltas; tenía miedo de tener que pasar lo mismo que con la tarjeta de mi abuela. En el caso de ella, fueron casi 2000 pesos lo que intenté retirar sin éxito en un OXXO; fue un lío tremendo llamar al banco, esperar hasta un mes y medio para que devolvieran el dinero... Joder, hasta pesadillas me generó cinco noches seguidas.
Actualicé la pantalla... Y descubrí que el monto había aparecido así, como si no hubiera pasado nada. Hasta la operación de retiro desapareció. ¿Qué carajo pasó? Y mi mente, mi querida y agitada mente me empezó a echar vuelo a la imaginación: creí por un momento que Hacienda bloqueó las tarjetas por no haber presentado mi declaración anual. Pero luego desestimé la idea al recordar el incidente de ayer en la cervecería que estaba cerca de casa. La misma tarjeta con la que iba a retirar el dinero ya presentaba un problema con el chip; la terminal no la reconoció a pesar de los dos intentos. Curiosamente pasó lo mismo con la tarjeta de crédito; dos veces y la máquina sin reconocerlo.
Pensé entonces que quizás fue un fallo momentáneo de la máquina, pues después la dueña me comentó que otro cliente logró pagar con tarjeta sin problemas.
Meneé la cabeza mientras me paré frente al cajero automático de mi banco. Inserté la tarjeta, tecleé el NIP.
Disculpa. Hay problemas con la tarjeta, marcaba la leyenda de la máquina mientras la tarjeta era devuelta.
Limpié un poco el chip antes de insertarlo de nuevo. La pantalla señaló falla general. Luego me decidí por usar el lector; la primera vez me marcaba un error general, pero ya la segunda vez ya podía acceder normal. Por fin logré disponer del dinero, para mi alivio. No obstante, tendría que ir al banco mañana para reportar el fallo del chip.
Odio ir a perder mi tiempo en los bancos, pero de eso a pasar por incidentes bochornosos, pues mejor opté por ir a lo seguro.
Pasé entonces al OXXO; tenía pendiente probar el chip de la tarjeta de crédito. Para mi sorpresa, el chip no tuvo problemas en la terminal. Hasta le comenté a la cajera sobre el incidente de ayer; la cajera me dijo que era probable que fue una falla de conexión al internet por parte de la máquina.
"La tecnología y sus cosas. En fin...", musitaba mientras agarraba la bolsa... "Espera".
Me detuve en seco. Genial: perdí una de las dos bolsas del mercado. ¿En dónde carajo lo asenté? ¿O se me habrá caído?
Me volví hacia atrás para ver si estaba a la vista. Nada rojo tirado por ahí. Me eché a reír y me dije a mí misma que sería mejor dar por perdida la mentada bolsa, pues no iba a regresar corriendo a buscarla sabiendo que se me podría hacer tarde para buscar el pollo.
Continué mi camino hacia el mercado. Ya tenía una anécdota que contarle a mi familia.
