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"¡Sargento Davis!"
Henry Davis se volvió al escuchar que lo llamaban por su nombre en medio del gentío que atravesaba Blackman Street, en una noche de otoño de 1879. Desde la cercanía, divisó a una muchacha de cabello oscuro y elegantes atavíos grises abrirse paso de forma presurosa. El sargento de la Policía Metropolitana bufó al reconocer en aquella dama a Kitty Sanderson, hija de un acaudalado abogado de High Holborn Street a quien conoció durante un importante caso el año anterior.
"¿Qué está haciendo usted por aquí?", fue lo primero que Davis le preguntó tras saludarla.
"Casualmente me dirigía hacia la estación de policía. Quería hablar con usted o con el inspector Raleigh sobre el caso en el que se están ocupando. Tengo información que puede ayudarles", le contestó la joven, con la respiración entrecortada.
"Usted dirá".
"Bueno... Sucede que en la fiesta a la que asistí se encuentra uno de los posibles involucrados en el asunto, Brendan Foster. Es hijo de un conocido médico. Ahora, él y el señor Gudridge estaban hablando en el jardín de la anfitriona, la señora Gertrude Van Hoover, sobre Timothy Shine y Helen Blackwood, su novia. Los dos están aterrorizados; están seguros de que el asesino viene por ellos dos y un tal Cartwright por lo que sucedió aquella noche. Ignoro a qué noche se referían, pero estoy segura de que puede tratarse de algo grave".
La mirada de Davis se tornó sombría. La declaración de Kitty coincidía con las pistas encontradas en las cartas que el asesino había dejado a un lado des los cadáveres; en ellas, se hacía referencia a unos tales F y C, a quienes buscaba hacer pagar por lo de esa noche. ¿Qué hicieron Shine, Blackwood, Foster y Cartwright que han provocado la ira de su ejecutor? Y sobre todo, ¿quién más sabía sobre ese incidente, aparte de Gudridge?
"Venga conmigo. Tomaremos un carruaje con dirección a la estación de policía, en donde rendirá su declaración. Después hablaremos con su padre, para que nos dé mayor información sobre los individuos que usted mencionó".
"Sí, por supuesto".
"Y señorita Sanderson..."
"Kitty", corrigió la muchacha. "Por favor, llámeme Kitty. Me siento más cómoda con usted llamándome por mi nombre".
"Bueno... Kitty, le estoy agradecido por su aporte; nos ha dado una pista muy valiosa".
Kitty sonrió. "De nada, señor Davis".
Era medianoche cuando Kitty regresó a su casa escoltada por Davis y el inspector Raleigh. Los tres fueron recibidos por unos señores Sanderson extremadamente furiosos; Raleigh se encargó de ponerlos al tanto, preguntándoles puntualmente qué sabía sobre Foster, Cartwright y Gudridge. Con un suspiro, el señor Sanderson respondió:
"El señor Foster es cliente mío desde hace 20 años. Su hijo Brendan está próximo a casarse con una tal Veronica Merton. En cuanto a los jóvenes Cartwright y Gudridge, no sé mucho sobre ellos, excepto que tienen amistad con el joven Foster".
"¿Tuvo Foster alguna enamorada antes de la señorita Merton?", inquirió el inspector.
"Le mentiríamos si le dijera que sí, inspector".
"Espera, Julius. Acabo de recordar algo", intervino la señora Sanderson. "Había una muchacha francesa, una tal Nannette Dubois. Estuvo en Londres por unos meses; era hija de la hermana de la señora Cartwright".
"Continúe, por favor", instó Davis.
"Fue una muchacha muy popular entre los jóvenes. De hecho, el joven Gudridge estaba muy enamorado de ella, pero Nannette se decantó por el joven Foster. Ignoro si ambos tuvieron algo, pero la muchacha repentinamente tuvo que regresar a Francia, o al menos eso fue lo que comentó la señora Foster en una ocasión mientras almorzaba con ella y con la señora Cartwright".
Raleigh y Davis se miraron de reojo. Kitty pronto tuvo la sensación de que, sin querer, había descubierto un terrible secreto.
