Lev Tolstoy in Yasnaya Polyana Fuente Dominio público - Public domain
León Tolstoi
Un 9 de septiembre de 1828 nació el escritor ruso, León Tolstoi. No voy a repetir lo que está en internet porque es mucho, y porque de seguro los fastidiaría, solo quiero recordar una anécdota.
Mi padre es maestro de escuela en Venezuela; su pasión es trabajar con niños y eso que no es fácil estar en un salón de clase con más de cuarenta muchachos, pero a él le va bien porque su pedagogía se basa en el cariño y principalmente en leerles a los chicos.
Por él conocí los cuentos para niños de León Tolstoi, porque los mismos libros que le leía a sus alumnos me los leía a mí; a ellos les decía que tenían que escucharlo como yo lo escuchaba, con todo el amor del mundo; a mí me decía que te escucharlo como ellos lo escuchaban, con todo el amor del mundo; eso hacía que me diera celos porque yo no quería que nadie escuchara con todo el amor del mundo a mi padre, sino yo; pero también a sus alumnos les provocaba una especie de celos lo que mi padre les decía de mí; lo cierto es que se las ingeniaba para que lo escucháramos leer.
Aún conservo el libro que mi padre me regaló de León Tolstoi, me lo traje a España, como hice con otros autores. El personaje que ven en la portada, no el jabalí, sino el perro, se llama Bolita, "un dogo negro, con las patas delanteras blancas", que tiene unas ocurrencias muy particulares y que Tolstoi describió en los relatos: Bolita, Bolita y el jabaí, Los faisanes, Milton y Bolita, Bolita y el lobo, Lo que ocurrió a Bolita en Piatigork y El fin de Bolita y de Milton. Todos estos relatos me los leyó mi padre, y ahora que los estoy releyendo, puedo apreciar mejor el contenido y valorar el esfuerzo de Tolstoi porque a pesar de su intensa vida tuvo tiempo para dedicarse a escribir para niños.
Hay muchas cosas interesantes en este libro. En su cuento Cómo aprendí a montar a caballo, podemos leer “El que no se cae no aprende a montar jamás”. En El viejo caballo, Tolstoi aprende personalmente que los animales no deben maltratarse, en los relatos referidos a Bolita describe el amor de una mascota por su dueño y así en cada cuento vamos encontrando una lección edificante.
Esta mañana he hablado con mi padre, me ha hecho algunas correcciones y me dijo, “oye, te faltó hablar de El prisionero del Cáucaso. Cierto, le dije, pero ese no es un cuento para niños. No, me ha dicho, pero gracias a la niña Dinka, el prisionero se salvó y eso lo hace un cuento para niños.
No sé a ustedes, pero creo que una bonita manera de recordar a los autores en su día es leyéndolos. Yo iré a terminar de leer a este León Ruso.