Cuando Guillermo llegó al pueblo de “La Tristeza” (ese era el nombre) lo hacía acompañado de su pequeña familia, Mariana, Rodrigo y Rachel. El dinero ahorrado por Guillermo después de varios años alcanzó para comprar un pequeño terreno que incluía un bohío, situado a la salida del pueblo, casi llegando al cementerio.
El lugar sólo contaba con una bodega, una enfermería y un bar, por lo que el único entretenimiento al caer el sol, era ir al bar y acompañar las conversaciones entre amigos con un vaso de aguardiente. No había nada más triste en todos los pueblos de los alrededores que “La Tristeza”
Guillermo al terminar su primera jornada en el campo decidió como todos ir al bar. El gran problema era que no conocía a nadie, así que con todo el optimismo que siempre le caracterizaba, se propuso hacer nuevos amigos. Se acercó a una mesa donde se encontraban dos hombres conversando. Pidió permiso, se presentó muy educadamente y les preguntó si podía compartir un rato con ellos. Los hombres curiosos le permitieron sentarse y comenzaron a hacerle preguntas. Guillermo les contó que había llegado con su familia al pueblo.
Su esposa Mariana era bien parlanchina, se la pasaba habla que te habla todo el tiempo, incluso hasta dormida, así que él decidió todas las noches cuando dormía, taparla con un paño y solo así la podía callar. Tenían dos hijos, Rodrigo y Rachel. Rodrigo era fuerte y muy inteligente, le gustaba siempre acompañar a su padre, pero Rachel era más cómoda, vivía la vida a su ritmo, eso sí… era muy elegante y coqueta.
Cuando Guillermo hablaba de su familia se le iluminaba el rostro, gesticulaba y hacia caras cómicas, por lo que sus nuevos vecinos rieron como nunca en sus vidas esa noche. Al salir del bar Guillermo estaba contento porque tenía dos nuevos amigos con los que compartir.
El día siguiente transcurrió igual al día anterior, la única diferencia que al llegar al bar, no solo encontró a sus nuevos amigos, también estaban otros tres vecinos esperando por él. Uno se puso de pie y con gran alegría le dijo " Anda Guille, cuéntale a ellos cómo es que haces callar a Mariana tu esposa". Le cedieron un lugar en la mesa y todos se sentaron a su alrededor, escuchando sobre las peripecias de Mariana, Rodrigo y Rachel. Esa noche del único bar de "La Tristeza" salían risas contaminando el acostumbrado silencio nocturno.
Los admiradores de Guillermo fueron creciendo con el paso de los días, ya no solo asistían al bar los hombres, sino también sus esposas que se apuraban en hacer los quehaceres de sus casas para escuchar a “Guille el Cuentero”, como llegaron a llamarle. En el Bar le construyeron con tablas viejas un escenario. Comenzaron a llegar visitantes de otros lugares vecinos, al punto que ya no cabían en el local. Te encontrabas a las personas amontonadas en las puertas y las ventanas. No había pueblo más feliz en los alrededores que “La Tristeza”
Una noche Guillermo no llegó al bar, en su lugar se presentó el comisario que subió al escenario y se dirigió a todos los presentes: “Guillermo no vendrá. Llevo días investigándolo y todo lo que les ha dicho es mentira. Su esposa mariana es una cotorra, Rodrigo es un perro y Rachel la gata. Si le queda algo de vergüenza no aparecerá más por estos lares” inmediatamente se paró una de las personas del público y dijo: “Oficial, todos los aquí presentes sabíamos que sus historias no eran reales y nunca nos importó, el trajo alegría, esperanzas, enseñanzas y motivación a nuestras ya monótonas vidas. El único que no ha entendido nada es usted " Todos salieron corriendo a la salida del pueblo para encontrar el bohío vacío.
Mientras, en uno de los tantos caminos, se podía ver a un hombre en una carreta, a su lado una jaula a la que le tiró un paño por encima, una gata dormilona y un perro, dejando atrás a "La Tristeza"
Gracias por su visita / El texto es de mi creación / Imagen de Pixabay modificada por mí con Photo Express:
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