Seamos claros: leer y escuchar no son lo mismo y muchas son las razones de ello.
En primer lugar, porque hay una diferencia semántica implícita en estos dos verbos. Son dos acciones distintas, dirigidas hacia diferentes sentidos biológicos de nuestro ser. Uno requiere de nuestra vista, mas el otro utiliza nuestra audición y, si bien ambos reclaman de atención, concentración y esfuerzo, estos elementos se manifiestan en dimensiones diferentes para cada acto.
Es por ello que cuando alguien marca en Goodreads como “leído” un libro al que realmente solo hizo click mientras viajaba en auto o se desplegaba en el sofá, ojos cerrados, a escucharlo (y quién sabe cuántos pensamientos convergían en dicha cabeza mientras lo hacía) es ahí cuando empieza mi problema: en el hecho de confundir o reemplazar tales actividades.
No tengo nada en contra de los audiolibros. Me parecen una opción fascinante ¡es cómo escuchar un podcast de ultratumba con nuestros escritores favoritos como locutores! Pero el simple gesto de pasear nuestro ojos por el papel o la pantalla, el reconocer los grafemas y palabras de una frase, eso, señores, requiere de otro nivel de disfrute.
Te pierdes muchas cosas cuando escuchas por primera vez una novela, en lugar de leerla. La primera de ellas es que se omite la cuestión de la forma y el estilo. Hay sutilezas en la prosa que se saltan al oído. Igual que no e s lo mismo que te describan una pintura que verla con tus propios ojos, así también es imposible interactuar con la prosa del autor, su forma de estructurar oraciones y construir imágenes, si no vuelcas tus ojos en el texto.
También está el asunto de los símbolos. Vivimos en una sociedad disociada, eso es un hecho científico. Nuestra capacidad de retención y asociación ha sido violentamente arrollada por el paso de cientos de estímulos diarios. Con semejante cifra encima ¿crees tú que podrás captar al vuelo una metáfora, dato escondido o algún recurso lingüístico con elevar el volumen de tus audífonos?
Y hablando de distracciones, tenemos que mencionar el factor concentración. A menos que cierres los ojos mientras escuchas, te será super fácil perder el hilo (o mezclarlo) de la narración.
Añadiría, por último, la sensación placentera de palpar, oler, observar un libro; pasar sus páginas y deleitarse con ellas. Eso no tiene sustituto alguno.
¿Cuándo creo que es bueno escuchar audiolibros?
Como opción de disfrute alterno, luego de leer esa obra que te dejó extasiado o ese libro de divulgación que sacudió tu mente. Escuchar es un acto de reafirmación: las ideas prenden mejor con ello. Además, no podemos ignorar las múltiples opciones que tiene el formato. Hay ediciones audibles con la voz de nuestros actores o personalidades favoritas leyendo para nosotros ¡incluso sonidos ambientados y música de fondo!
Un audiolibro es una fiesta, un paquete Premium de sensaciones más allá del texto. A mí me gustan mucho, solo que jamás de los jamases confundiría “leer” con “escuchar”. Jamás abordaría por primera vez una obra en formato audio, violando el acto más introspectivo, retroalimentativo e íntimo de todos: el de leer.
Así que hazte el favor de comprarte ese tomo o encargarlo por la web para que puedas abordarlo correctamente en su primera vez; ya podrás luego encender tus airdrops para una segunda aventura.