Ese día fue pesado, y la jornada laboral fue bastante ajetreada y movida para Karla, quien regresó agotada a casa. Solo deseaba bañarse, cenar y descansar un poco; quizás ver algunos episodios de su programa favorito mientras se acostaba en su cama, o simplemente dormir temprano, ya que su cuerpo lo demandaba.
Todo pareció marchar con tranquilidad y sin contratiempos: se duchó, preparó la cena, algo rápido, nada especial, no deseaba perder tiempo; comió tranquilamente y se dispuso a ordenar para luego descansar. Sin embargo, esta calma aparente tan solo resultó ser un espejismo que se rompió al momento de recoger los platos. En ese instante, la pantalla de su teléfono móvil se iluminó, y el tono comenzó a sonar continuamente; una llamada telefónica había ingresado. El identificador sólo indicó que procedía de un número desconocido. No estaba esperando recibir la llamada de nadie, y por un instante dudó en responder, aunque pronto se aventuró a contestar.
—¿Aló? —respondió, su voz denotaba el cansancio del día.
Una voz masculina, con una pronunciación clara y un alto dominio del diálogo, replicó su contesta a través del auricular.
—Buenas noches, disculpe la molestia. Le habla Victor Hernández, operador de soporte técnico de CONTEL, “Su voz siempre contigo”. Hemos presentado una serie de problemas en nuestra plataforma y estamos realizando una verificación rutinaria para resolver anomalías en la conexión de nuestros clientes y proteger la integridad de sus datos.
Karla frunció el ceño. «¿Anomalías?» pensó. Su servicio no estaba presentando problemas, o al menos eso creía. «¿La integridad de mis datos?» eso suena a un riesgo delicado. «Además, el operador parece ser confiable».
—¿Qué tipo de anomalías? —preguntó Karla al operador.
—Nada grave de que preocuparse. Se detectaron algunas fluctuaciones irregulares asociadas al intento de acceso externo a nuestros servidores por usuarios no autorizados. Es por ello, que en aras de mantener la seguridad en la plataforma de CONTEL, “su voz siempre contigo”, se requiere corroborar algunos datos para validar su información en nuestro sistema, ¿Tiene usted algún inconveniente en colaborar? —dijo el operador.
—Así mismo, le recuerdo que, por su seguridad, está llamada telefónica está siendo grabada. ¿Está usted de acuerdo? —preguntó el operador.
Karla dudó un poco; siempre había sido cautelosa con las llamadas de ese tipo. Además, en algunos grupos de WhatsApp, circulaban cadenas de mensajes con advertencias sobre fraudes telefónicos. Sin embargo, la rapidez y seguridad con la que el operador se expresaba la inducían a confiar.
—¿Qué datos necesita corroborar? —indagó Karla, manteniendo la calma.
—Primero que nada, necesito verificar que usted es la titular de la línea y que estoy hablando con la persona correcta. Para ello, necesito que me indique la información que voy a solicitarle. ¿Está usted de acuerdo? —dijo el operador.
—!Ok! Está bien. —respondió ella.
—¡Perfecto! ¿Me indica su nombre completo, por favor? —preguntó el operador.
—¡Karla María Gómez Martinez! —contestó Karla.
—¡Ok! Perfecto. ¿Por favor puede usted indicarme su número de identificación? —preguntó nuevamente el operador.
—¡29436785! —respondió ella.
—¿Puede repetir la información, por favor? —preguntó el operador.
—Si, claro. Es 29436785. —contestó ella.
—¡Perfecto! ¿Ahora puede usted indicarme su fecha de nacimiento? —pregunto nuevamente el operador.
—¡14 de Diciembre de 1998! —respondió ella.
—¡Ok! Perfecto, señora Karla. Por favor, espere unos instantes mientras verificamos su información en nuestro sistema. De igual manera, le recuerdo que por su seguridad está llamada telefónica está siendo grabada. ¡Manténgase en línea, por favor! —dijo el operador.
—¡Ok, está bien! —respondió ella.
Karla escuchó sonar una música suave a través del auricular mientras esperaba que el operador validará su información personal en el sistema. El periodo de espera fue rápido y tardó aproximadamente 30 segundos.
—Señora Karla, disculpe la demora y gracias por mantenerse en línea. Su información ha sido verificada exitosamente. De igual manera, le informo que para CONTEL, “Su voz siempre contigo”, la seguridad de nuestros clientes es prioridad. —dijo el operador.
—¡Ok! —respondió ella.
—Solo falta un último paso para culminar. ¿Está usted de acuerdo? —preguntó nuevamente el operador.
—Si, por favor. —respondió Karla.
—¡Perfecto! Manténgase en línea y verifique su buzón de mensajes. Va a recibir un código. Necesito que me lo indique, por favor. —dijo el operador.
Karla se mantuvo en línea; abrió la aplicación y busco para verificar el código recibido. Leyó un mensaje que decía: “Su código de verificación para Whatsapp es: 0789605”. Trás leerlo, una alarma se prendió en su cabeza. «¿Por qué motivo un operador de CONTEL solicitaría un código de verificación de esa aplicación?», se cuestionó. «Este tipo de servicio no depende de la operadora de telefonía», fue un análisis rápido que su mente procesó.
—¿Disculpe? ¿No entiendo porque necesita ese código de verificación? —preguntó Karla.
El operador dejo escapar una risa leve que no le gustó nada a Karla.
—Señora Karla, es un tema de seguridad. Los sistemas de seguridad avanzados no comparten información con las bases de datos generales para evitar filtraciones. Además, le recuerdo que por su seguridad está llamada telefónica está siendo grabada. ¿Me indica el código, por favor? —dijo el operador.
—Pues no, no me parece. Disculpe, ¿Me repite su nombre por favor? —preguntó Karla con un tono que denotaba molestia.
—¡Mi nombre es Carlos Hernández! Operador de soporte técnico de CONTEL “Su voz siempre contigo”. ¿Me indica el código, por favor? —dijo el operador.
Karla, al oír aquella respuesta, se llenó de rabia. «¡Esto es increíble!», pensó. Estaba siendo timada por un estafador y había caído redondita, tan fácil.
—¿Sabe qué? Victor o Carlos, o como sea que se llamé. ¡Váyase al carajo! —gritó Karla furiosa, y luego colgó la llamada telefónica.
Karla se quedó de pie, con el móvil aún en la mano. Su corazón acelerado latía a mil por hora. Nerviosa, respiraba agitadamente. Había dado información personal a un desconocido. Tantas amenazas invisibles, siempre al acecho; latentes, esperando el momento propicio. Miró fijamente su teléfono celular; esperaba que volviera a sonar y que entrara otra llamada. No entró ninguna más.
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