La ventana por la que te gusta mirar se mantiene ahí,
un poco más vieja y maltratada.
Con más humedad,
con mejor vista.
Deja pasar los mosquitos,
el agua,
el aire
y la luz por sus desajustes.
La ventana que te gusta
resiste el tiempo,
le agradece al país
y le pide que extienda su miseria
para que no la cambien.
La ventana
aspira a que cuando pase la década de tu partida,
regreses.
Y te pueda recibir,
para disfrutar un café,
regalarte la vista y ayudarte a escribir;
para compartir el tiempo.
© Copyright 2026 Enrique Yecier