Uno de los bajistas más impresionantes que he tenido la oportunidad de ver en vivo fue uno que tocaba en un bar de Nueva Orleans. El grupo tocaba una especie de dixieland con un concepto más actual. Era un muchacho como de 20 años y lograba un sonido del bajo impresionante, con una destreza excepcional. Pero lo increíble era el bajo que usaba, pues la mitad del cuerpo estaba formada con unas tablas como de caja de embalar, así de cruda. El mango tenía como refuerzo unos alambres gruesos en el mástil. Y el sistema de conexión estaba completamente abierto y ajustado con cinta de enmascar. El aspecto del instrumento daba tristeza, pero ¡cómo tocaba su dueño!
Hablando con él comentaba que no le alcanzaba el pago para poder comprarse el bajo que él quería, pero que al menos este le daba para vivir.
Así que tu guitarra no es tan única y eso pasa no solamente en tu país… 😉
¡Al final la satisfacción más importante es uno hacer lo que le gusta!
¡Buen escrito!
RE: Un cuento para dormir