La forma en la que se asían sus cuerpos recordaba tal vez de manera distante una hoguera. Ellos vueltos llamas se consumían el uno al mientras intentaba prender el gris de las vidas que se suponía habían llevado. Quienes se detenían frente a la pintura los encontraban fundidos en una espiral en pausa, perdiendo las formas concretas para volverse una sola abstracción, cualquiera podría sentir.
Pero quienes por cosas del azar o guiados por el pincel de un artista supremo, acababan posando sus ojos en aquella pintura, a la vez que la mirada de otro cuerpo hacía lo mismo, para esos había un extrañamiento distinto. Como si el propio óleo los obligará a tomar un rol e interpretarlo. Sus mentes se perdían en aquellos cuerpos que quizás a su vez fueron mentes que se perdieron en otro cuerpo, la realidad desdibujaba sus líneas y se iba volviendo abstracción. Por ese instante de contemplación uno se volvía combustible y el otro llama para perderse, abrazarse y abrasarse, aunque fuera en otro plano. Aunque al instante siguiendo debieran extinguirse de forma casi irremediable.
Unos pocos de los elegidos por ese algo más o el destino podían recordar ese momento fugaz. Momento en el que se habían perdido en la pintura, o simplemente el momento en el que había atravesado esa realidad volviéndose óleo, tal vez acuarela, abstracción. Para esos el trauma sería permanente, trasmigrarían una y otra vez entre lo irreal y los colores sólidos. Condenados a arder juntos hasta quedar atrapados en esas figuras, que otro par de elegidos miraría, colgado en una galería para como ellos quedar congelados en aquel instante.