Hola mis amores
Feliz de participar en este concurso, mi "yo" maestra de preescolar no pudo contenerse de crear algo para los niños y niñas, siempre han sido mi mejor inspiración, esta vez surgió algo mezclado con mis vivencias en La Gran Sabana, lugar donde me crié de niña y donde conviví muchos años con amigas y amigos índigenas de todas las aldeas cercanas a mi pueblo.
Espero les guste a su corazón de niños, y tengan todos una FELIZ NAVIDAD
Fotografía propia de la autora
Yokoy y el cristal de cuarzo mágico
Esto que te voy a contar sucedió hace algún tiempo en una aldea indígena de La Gran Sabana, había un mágico río de color ambar y se decía que cuando te bañabas allí o tomabas su agua, tenía el súper poder de curar el corazón de las personas tristes.
Yokoy escuchaba al abuelo hablar cada tarde, pero esa tarde el abuelo estaba muy callado, así que se preguntó que podía hacer para ayudar a su abuelito a sentirse mejor. Yokoy también estaba muy feliz porque se acercaba la navidad y los amigos “no pemones” que se acercaban al pueblo le habian contado que en esa época siempre sucedían cosas hermosas, su amiguito Carlos que también vivía en la aldea con ellos desde hace tiempo le contaba que en su familia colocaban un arbolito y debajo ponían regalos para compartir y hacer feliz a los otros.
Yokoy tuvo una idea, y se fue caminado rápidamene hasta el cerro de los cristales mágicos, allí habian cristales de muchos colores, que brillaban como las estrellas, pero Yokoy no se acordó que ese cerro estaba vigilado por los "Kanaimas", quienes convertían en sapos y cuaimapiñas a todo aquel que osara arrancar un cristal del suelo. Sin tener cuidado llegó a la cima del cerro, y cuando se disponía a tomar en sus manos un cristal morado muy hermoso... ¡PUM! apareció el Kanaima más feo de toda la sabana.
-¿Qué pretendes hacer Yokoy? ¿Acaso no sabes que está prohibido llevarse los cristales?
Yokoy temblaba de miedo, casi lloraba, pero como su mamá le había enseñado a ser valiente le respondió:
- ¡Oh Kanaima, protector del cerro, no me conviertas en sapo, por favor!, yo solo quiero un cristal mágico y un poco de agua del rio para darselo a mi abuelito, que tiene triste el corazón.
El Kanaima lo observó con detenimiento, y vió que se habia portado bien, así que le regaló un cristal morado y le permitió tomar un poco de agua del río sagrado; también le regaló un pequeño arbolito de guayabitas sabaneras para que lo sembrara en el patio de su casa y fuese su árbol de Navidad.
Yokoy bajó el cerro rapidito, sembró el arbolito y en unas hojas de plátano envolvió el cristal y una pequeña tapara donde había colocado el agua mágica del rio.
La mañana siguiente era 25 de Diciembre y cómo le había dicho su amigo Carlos era el día de dar los regalos. Yokoy muy contento fue al cuarto del abuelo, lo tomó por la mano y lo llevó hasta el árbol y le dijo:
¡Feliz Navidad! "Opotopoday Ipampe", (que en lengua Taurepán significa "Te quiero mucho"), y le dió los regalos.
Ese día el abuelo se tomó el agua y colocó el cristal mágico al lado de su hamaca, y comenzó a sonreir, Yokoy se sintió feliz porque había dado su primer regalo de navidad, pero entedió que el mejor regalo es cuando hacemos sonreir a lo que amamos.
Autora : Zully Mariela Castejón Scott.