LA MALDICIÓN DE LA BIBLIOTECA PROHIBIDA
Rebeca caminaba rápidamente por las calles de piedra que la llevaban al museo de la ciudad. El viento buscaba quitarle el abrigo y el frío era terrible en esos días, sin embargo su amor por lo que hacía era siempre más fuerte.
La ciudad cada día avanzaba más en todo lo tecnológico, miles de personas llegaban de otras zonas buscando el sueño que escuchaban en sus pueblos de que allí había esperanza para muchas cosas. Rebeca no sabía que pensar, era un poco más purista, por eso buscaba refugiarse en el museo. Sin embargo, como a todos le tocaba dedicar tiempo de servicio comunitario para poder seguir siendo una ciudadana reconocida en la ciudad.
Esa mañana Rebeca abrió la puerta del museo, entró y tras cerrarla a sus espaldas dio un suspiro. Llegar allí le daba cierta paz, sólo ella y las diversas salas de exposiciones, pinturas, esculturas, instrumentos. Había un viejo piano que le gustaba tocar de vez en cuando, así pasaba sus días.
Recorriendo las alas superiores del museo escuchó un ruido extraño en el pasillo izquierdo, le dio algo de nervios pero sabía que en ese lugar no había nada más que ver, sólo se encontraba la biblioteca prohibida.
Tantas veces pasaba por esa puerta de manera secreta, quería curiosear, saber que cosas habrían allí dentro. Lo cierto es, que si alguien se atrevía a entrar a la biblioteca prohibida del Museo de la ciudad sería inmediatamente expulsado, vetado y censurado del pueblo. Rebeca estaba sola, cuidaba a su familia y ella era el único sustento, no podía poner en riesgo el único ingreso que la ayudaba a vivir, menos por ser curiosa.
Una semana después, haciendo un inventario en el museo y curando algunas obras, Rebeca volvió a escuchar el ruido. Esta vez fue muy fuerte y no podía ignorarlo, así que subió las escaleras y llegó justo a la puerta de la Biblioteca Prohibida.
Ese día pudo más la curiosidad y Rebeca abrió la puerta lentamente, entró al inmenso cuarto lleno de viejos libros y hojas escritas, no había casi luz y no encontraba el interruptor. Sin embargo, logró llegar cerca de un manuscrito extraño y cuando trató de tomarlo escuchó una voz.
Voz:- ¡Si tomas ese manuscrito y lo lees tendrá un precio para tí!- dijo.
Rebeca: -¿Quién eres?-
Voz: - Soy el guardián de la verdad, pero nadie que haya pasado por aquí se va igual, hay un costoso precio que pagar. ¿Estás dispuesta?-
Rebeca que era demasiado curiosa, tomó el manuscrito en sus manos y pidió al Ente que le dijera el precio por leer, a lo que este respondió:
Voz:- Por 500 monedas de oro sabrás la verdad, podrás leer todo lo que quieras y tu secreto será guardado. Ahora, si no tienes para pagar también puedes leer pero el precio es que todos se enteren que has entrado a la biblioteca prohibida y serás expuesta al escarnio público.
A Rebeca ambas cosas le parecían imposible, por un lado no tenía 500 monedas de oro, era demasiado ese precio y por el otro podía perder todo y eso significaba dejar a a su familia en la calle.
El Ente al ver la expresión en el rostro de Rebeca le hizo una tercera propuesta:
Voz:- Como te he observado todo el tiempo que tienes aquí, sé que muchas de las cosas que haces por el museo tienen mucho valor, y comprendo que hay personas que dependen de ti, sin embargo podemos hacer un trato. Te permitiré leer un manuscrito cada día, donde descubrirás muchas cosas, y nadie sabrá que lo sabes, sin embargo, el precio a pagar será el amargo sabor a la verdad que hará que cada día veas a toda la ciudad, a cada uno de sus ciudadanos de manera muy distinta, y tendrás que callar y esto te llenará de tristeza, porque saber la verdad y no expresarla siempre trae un poco de dolor, ¿Y quién sabe hasta donde puede llevarte ese profundo dolor?.
Así Rebeca aceptó el trato, confiando en el amor que sentía por su familia, tenía fe que este le ayudaría a sobrellevar la carga del castigo de haber roto las reglas y haber leído de la Biblioteca Prohibida.
Poco a poco, cada día Rebeca llegaba antes al Museo y dedicaba unos minutos a leer los manuscritos, con el tiempo se fue enterando de muchas cosas increíbles, y sí, muchas dolían, ya no podía mirar al resto de los ciudadanos de la misma forma. De igual manera cuando salía del museo a su trabajo comunitario realizaba su trabajo como siempre, aunque sentía que había aprendido a actuar un poco.
Hubiese preferido pagar 500 monedas por la verdad, pero a cambio había entregado parte de su alma, que ahora se encontraba presa entre dos mundos.
Poco a poco se fue debilitando, entristeciendo, diluyendo y perdía fuerzas. Trataba de luchar por amor a su familia, pero mientras más leía más se sentía sumergida en una ilusión vacía donde ahora se mezclaban mentiras y verdades.
Un día la consiguieron tumbada frente a la puerta de la biblioteca prohibida, no estaba muerta, pero tampoco viva. Su familia la recluyó en un hospital siquiátrico, donde ella solo decía una frase que repetía constantemente:
-Si hubiese sido rica, si hubiese sido rica...por 500 monedas me hubiera dicho la misma verdad y no hubiese sufrido tanto.
Una mañana Rebeca amaneció sin vida en la cama del hospital, y en sus manos consiguieron una bolsita roja llena de pequeñas monedas de oro, pero era tarde, ya había pagado el precio, había pagado con su vida.
Autora: Zully Castejón Scott.
Julio 2023.
Imágenes de fotos de la biblioteca de la autora, editadas en PicArt.