✨ Ronel González Sánchez (Holguín, 1971), poeta, ensayista y narrador cubano. Figura prolífica de la literatura contemporánea, su obra abarca poesía, cuento y literatura infantil, con numerosos premios nacionales e internacionales. Foto: Poeticus.
HISTORIA DE CRUZADOS
Poeta, tú no cantes la guerra; tú no rindas ese tributo rojo al Molech, sé inactual; sé inactual y lejano como un dios de otros tiempos, como la luz de un astro, que a través de los siglos llega a la humanidad.
Amado Nervo
Yo no puedo escribir sobre la guerra
porque sólo conservo en la memoria
falsas reproducciones de una historia
que a veces mi optimismo desentierra.
Concebir esta página me aterra
como pensar que pude haber caído.
Las guerras no rebasan el olvido
y cualquiera es un héroe o un cobarde.
A mí no me llamaron. Ya era tarde.
Los últimos soldados se habían ido.
Eufóricos y osados ante el ruedo
a todos nos cegó la misma farsa
y avanzamos, detrás de la comparsa,
como en un carnaval de sangre y miedo.
Sólo cuando la Muerte mostró un dedo
dejaron de caer los gladiadores
entre perdonavidas y traidores
y se tornó la guerra paradigma.
Sólo cuando la Muerte fue un estigma
terminó el ajedrez de los mayores.
Para la guerra siempre hay un motivo.
El rapto de Briseida es un estorbo
universal, una ración de morbo
interminable en el siniestro archivo
de césares y brutos. Estar vivo
es un error de cálculo execrable. La guerra no es un virus incurable,
pero a todos los hombres nos contagia
unos querrán que empiece la hemorragia, otros, que no castiguen al culpable.
Ninguna vida salvaguarda un verso.
A nadie un verso la razón despierta.
Tanta grafomanía desconcierta.
Ninguna causa vale tanto esfuerzo.
Podrá cambiar la guerra el universo, pero no sanará ciertas heridas.
Aunque de difidentes y homicidas
estén llenos impúdicos acrósticos,
persistirá el horror de los agnósticos
y crecerá el placer de los suicidas.
Agresores y aliados: neandertales:
que año tras año van a las cruzadas
con la cifra infinita de sus nadas
a cuestas, como dones teologales:
los fanatismos también son fatales
como esperar en desolada orilla.
¿Tendremos que ofrecer la otra mejilla
y recibir, con júbilo enfermizo,
el vacuo resplandor del Paraíso,
la perfección que muere de rodillas?
Si al menos tú pudieras, Padre oscuro,
explicarme que férula ilusoria
despierta en ciertos hombres la mortuoria
idea de enviar hacia lo impuro
de un supuesto principio al que más duro
pueda blandir la espada y al convicto,
si al menos tú escucharas lo interdicto
por el futuro mártir que simula
obedecer al que lo manipula seguro impedirías el conflicto.
La guerra, para mí, fue un comentario
y el temor de mi padre al documento
que no firmé. La guerra fue un invento
para que no durmiera el vecindario.
Repasar sin aliento algún rosario
a nadie exoneró del crucifijo.
Alguien también lloró y alguien maldijo
a los que regresaron sin medallas
y a los que dirigieron las batallas
de donde no volvió, jamás, el hijo.
⚔️ Este poema se abre con un epígrafe de Amado Nervo que funciona como contrapunto ético: “Poeta, tú no cantes la guerra… sé inactual y lejano”. La voz de Nervo reclama distancia y lucidez frente al fervor belicista. Ronel recoge ese mandato para tensionarlo: no celebra la guerra, pero tampoco la evade; la observa, la desmonta, la refuta desde un lugar íntimo y crítico. En décimas de poderosa arquitectura, el poema interroga el imaginario heroico y la industria simbólica que perpetúa la violencia, con una mezcla de ironía, escepticismo y dolor que lo vuelve una pieza mayor.
🧭 Marco ético y posición del hablante
- Distancia programática: El epígrafe propone una ética del desapego: el poeta debe ser “inactual”, no cantar la sangre. El hablante, sin embargo, no se limita a negar; se ubica en el borde, entre memoria contaminada y rechazo consciente.
- Memoria sospechosa: “Sólo conservo… falsas reproducciones” es clave: la guerra que recuerda es una construcción, un archivo manipulado que su “optimismo desentierra”. La sospecha del recuerdo desactiva el mito épico y corroe la autenticidad de los relatos heroicos.
- No llamado, no elegido: “A mí no me llamaron. Ya era tarde.” La identidad del yo se define en negativo: no combatió, no fue héroe ni cobarde “oficial”. Ese deslinde le permite juzgar sin la coartada del mérito bélico, pero también deja ver un temblor: la posibilidad de haber caído.
🎭 Demoliciones del heroísmo y crítica del espectáculo
- Carnaval sangriento: La imagen del “carnaval de sangre y miedo” desmantela el decorado patriótico; la guerra deviene desfile grotesco, comparsa, espectáculo que cegó “a todos”. La estética del circo y la farsa sustituye la solemnidad del mito.
- Muerte como estigma y paradigma: Solo cuando la Muerte señala, se revela la verdad del juego (ajedrez de los mayores): detrás de las arengas hay cálculo, traiciones, perdonavidas. La guerra cambia de máscara: deja de ser épica para volverse sistema.
- Universalidad del motivo: La alusión a Briseida abre un puente con La Ilíada: el “motivo” es siempre un estorbo convertido en excusa. La guerra no es virus incurable, pero “contagia” a todos; el contagio es simbólico y moral, una fiebre que polariza voluntades.
🛠️ Poética contra la guerra: límites del verso y de la razón
- Autocrítica del oficio: “Ninguna vida salvaguarda un verso.” La frase dinamita el narcisismo literario: la poesía no evita la muerte, no despierta razón suficiente, la grafomanía desconcierta. Ronel subvierte el tópico del poeta redentor.
- Persistencia del daño: Aunque “cambie el universo”, ciertas heridas no sanan; el poema denuncia la retórica impúdica (acrósticos repletos de difidentes y homicidas) como gimnasia vacía. La palabra, si se vuelve propaganda, prolonga el horror.
- Placer oscuro y nihilismo: “Crecerá el placer de los suicidas” introduce un filo tremendo: la violencia engendra atracción y fatiga existencial. No hay triunfo posible; hay una ética del límite que el poema defiende al mostrar el abismo.
🏹 Fanatismos, teologías y manipulación
- Cruzadas sin fin: Los “neandertales” que van a cruzadas con “la cifra infinita de sus nadas” son caricatura del fanatismo: la nada convertida en dogma, la marcha ritual hacia una perfección que “muere de rodillas”.
- Teología del castigo: La pregunta al “Padre oscuro” busca desenmascarar la férula que despierta la “idea mortuoria” de enviar a los más duros a lo impuro del supuesto principio. Aquí la crítica apunta a la maquinaria que canoniza el sacrificio y legitima la obediencia.
- Mártir y titiriteros: “El futuro mártir… obedece al que lo manipula.” Ronel expone la dialéctica de la manipulación: el mártir no es sujeto de la historia, sino efecto de una ingeniería de culpas y mandatos. La oración implora una interrupción del conflicto que no llega.
🧷 Guerra doméstica: documento, vecindario y rosarios
- Lo bélico como trámite y rumor: “El temor de mi padre al documento que no firmé” trae la guerra a la burocracia cotidiana; es un “invento para que no durmiera el vecindario”, es miedo, vigilancia, ruido. La violencia no sólo estalla en frentes: se filtra en el barrio.
- Devoción y culpa: Repasar rosarios “no exoneró del crucifijo”; la religión aparece como consuelo insuficiente y dispositivo de penitencia. Ronel desmonta la ilusión de que el rito salva de la maquinaria del daño.
- Duelo sin medallas: La estrofa final golpea: “Alguien lloró… alguien maldijo” a los que volvieron sin medallas y a los que dirigieron batallas de donde no volvió el hijo. La guerra como fábrica de orfandades, resentimientos y silencios quebrados.
🧩 Forma, intertextualidad y tono
- Arquitectura en décimas: El uso de la décima (rima consonante, encabalgamientos sobrios, cierre aforístico) convierte cada estrofa en una cápsula de argumentación ética. La cadencia tradicional se vuelve dispositivo crítico: una forma “nacional” que refuta el fervor nacionalista.
- Intertextualidad estratégica: Nervo y Briseida abren coordenadas que van de la lírica modernista a la épica fundacional; el poema las usa para cuestionar las legitimaciones culturales de la guerra. El “Padre oscuro” combina teología y psique; la guerra es también un relato psicológico.
- Tono y registro: Ironía, escepticismo, dolor. No hay arenga ni panfleto: hay desmontaje paciente. El hablante renuncia a la épica y abraza una ética de la duda que no idealiza la palabra poética.
📌 “Historia de cruzados” es un desmontaje brillante del imaginario bélico y del aparato simbólico que lo sostiene. Ronel González Sánchez no canta la guerra: la desenmascara. Invierte la épica en crítica, el mito en farsa, la memoria en archivo sospechoso. El poema levanta una ética exigente: la poesía no salva vidas, pero puede negarse a perpetuar el coro que embellece la violencia. En sus décimas, la guerra queda reducida a lo que produce: contagio moral, fanatismos, burocracias del miedo, duelos sin medallas. Lo que persiste, tras el carnaval sangriento y el tablero de los mayores, es el llamado a desobedecer el espectáculo: a ser “inactual”, sí, pero no por huir del mundo, sino por negarse a legitimar su horror.
[ENGLISH]
⚔️ This poem opens with an epigraph by Amado Nervo that functions as an ethical counterpoint: “Poet, do not sing of war… be untimely and distant.” Nervo’s voice demands distance and lucidity in the face of bellicose fervor. Ronel takes up that mandate to stretch it: he does not celebrate war, but neither does he evade it; he observes it, dismantles it, refutes it from an intimate and critical place. In décimas of powerful architecture, the poem interrogates the heroic imaginary and the symbolic industry that perpetuates violence, with a mixture of irony, skepticism, and pain that makes it a major piece.
🧭 Ethical framework and the speaker’s position
- Programmatic distance: The epigraph proposes an ethic of detachment: the poet must be “untimely,” not sing of blood. The speaker, however, does not simply deny; he places himself at the edge, between contaminated memory and conscious rejection.
- Suspicious memory: “I only keep… false reproductions” is key: the war he recalls is a construction, a manipulated archive that his “optimism unearths.” The suspicion of memory deactivates the epic myth and corrodes the authenticity of heroic accounts.
- Not called, not chosen: “They did not call me. It was already late.” The identity of the self is defined in the negative: he did not fight, was neither “official” hero nor coward. That detachment allows him to judge without the alibi of war merit, but also reveals a tremor: the possibility of having fallen.
🎭 Demolitions of heroism and critique of spectacle
- Bloody carnival: The image of the “carnival of blood and fear” dismantles the patriotic décor; war becomes grotesque parade, masquerade, spectacle that blinded “everyone.” The aesthetics of circus and farce replace the solemnity of myth.
- Death as stigma and paradigm: Only when Death points does the truth of the game (the elders’ chessboard) reveal itself: behind the harangues lie calculation, betrayals, pardoners. War changes its mask: it ceases to be epic to become system.
- Universality of motive: The allusion to Briseida opens a bridge with the Iliad: the “motive” is always a nuisance turned into excuse. War is not an incurable virus, but it “infects” everyone; contagion is symbolic and moral, a fever that polarizes wills.
🛠️ Poetics against war: limits of verse and reason
- Self-critique of the craft: “No life safeguards a verse.” The phrase dynamites literary narcissism: poetry does not prevent death, does not awaken sufficient reason, graphomania bewilders. Ronel subverts the trope of the poet as redeemer.
- Persistence of damage: Even if “the universe changes,” certain wounds do not heal; the poem denounces impudent rhetoric (acrostics full of dissidents and murderers) as empty gymnastics. The word, if it becomes propaganda, prolongs horror.
- Dark pleasure and nihilism: “The pleasure of suicides will grow” introduces a sharp edge: violence breeds attraction and existential fatigue. There is no possible triumph; there is an ethic of limit that the poem defends by showing the abyss.
🏹 Fanaticisms, theologies, and manipulation
- Endless crusades: The “Neanderthals” who go to crusades with “the infinite figure of their nothings” are caricature of fanaticism: nothing turned into dogma, ritual march toward a perfection that “dies on its knees.”
- Theology of punishment: The question to the “Dark Father” seeks to unmask the splint that awakens the “mortuary idea” of sending the hardest to the impure of the supposed principle. Here the critique points to the machinery that canonizes sacrifice and legitimizes obedience.
- Martyr and puppeteers: “The future martyr… obeys the one who manipulates him.” Ronel exposes the dialectic of manipulation: the martyr is not subject of history, but effect of an engineering of guilt and mandates. The prayer implores an interruption of conflict that never arrives.
🧷 Domestic war: document, neighborhood, and rosaries
- The war as paperwork and rumor: “My father’s fear of the document I did not sign” brings war into everyday bureaucracy; it is an “invention so the neighborhood would not sleep,” it is fear, surveillance, noise. Violence does not only erupt on fronts: it seeps into the barrio.
- Devotion and guilt: Reciting rosaries “did not exonerate from the crucifix”; religion appears as insufficient consolation and device of penance. Ronel dismantles the illusion that ritual saves from the machinery of harm.
- Grief without medals: The final stanza strikes: “Someone cried… someone cursed” those who returned without medals and those who directed battles from which the son never came back. War as factory of orphanhoods, resentments, and broken silences.
🧩 Form, intertextuality, and tone
- Architecture in décimas: The use of the décima (consonant rhyme, sober enjambments, aphoristic closure) turns each stanza into a capsule of ethical argumentation. Traditional cadence becomes critical device: a “national” form that refutes nationalist fervor.
- Strategic intertextuality: Nervo and Briseida open coordinates ranging from modernist lyric to foundational epic; the poem uses them to question cultural legitimations of war. The “Dark Father” combines theology and psyche; war is also a psychological narrative.
- Tone and register: Irony, skepticism, pain. There is no harangue or pamphlet: there is patient dismantling. The speaker renounces epic and embraces an ethic of doubt that does not idealize poetic word.
📌 Historia de cruzados is a brilliant dismantling of the war imaginary and the symbolic apparatus that sustains it. Ronel González Sánchez does not sing of war: he unmasks it. He inverts epic into critique, myth into farce, memory into suspicious archive. The poem raises a demanding ethic: poetry does not save lives, but it can refuse to perpetuate the chorus that beautifies violence. In his décimas, war is reduced to what it produces: moral contagion, fanaticisms, bureaucracies of fear, grief without medals. What persists, after the bloody carnival and the elders’ chessboard, is the call to disobey the spectacle: to be “untimely,” yes, but not by fleeing the world—rather by refusing to legitimize its horror.