📸 Nicolás Guillén (1902–1989)
Poeta cubano, considerado el Poeta Nacional de Cuba y figura esencial de la poesía afrocubana y social en Hispanoamérica. Autor de Motivos de son y Sóngoro cosongo, su obra fusiona ritmo popular, compromiso político y experimentación estética, convirtiéndolo en una de las voces más influyentes del siglo XX. Foto: Cubahora.
DIGO QUE YO NO SOY UN HOMBRE PURO
Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.
😏 Nicolás Guillén se despacha aquí con un texto que es tanto una confesión como una sátira. No se trata de un poema solemne ni de una elegía: es un manifiesto de impureza, un alegato contra la hipocresía, un canto a la vida con todos sus sabores, olores y excesos. Y lo hace con humor, con picante y con esa ironía que lo caracteriza.
🥂 La pureza como aburrimiento
Guillén arranca con un golpe de ingenio: ¿qué es lo puro? ¿Existe? ¿Es necesario? ¿Es posible? ¿Sabe bien? La pregunta final es la más sabrosa: ¿acaso has probado el agua químicamente pura? Esa agua de laboratorio, sin tierra, sin excremento de pájaro, sin nada que la ensucie. Y la respuesta es un escupitajo literario: “¡Puah!, qué porquería.” Guillén nos dice que lo puro es insípido, aburrido, sin vida. La pureza, en su sentido químico y moral, es un desierto.
🍖 La impureza como celebración
El poeta se declara impuro, y lo hace con un menú digno de una fonda cubana: carne de puerco con papas, garbanzos, chorizos, huevos, pollos, carneros, pavos, pescados y mariscos. Y para acompañar, ron, cerveza, aguardiente y vino. Guillén convierte la impureza en banquete, en fiesta de sabores. Y no se detiene ahí: habla de fornicar incluso con el estómago lleno. Es un retrato de la vida sin filtros, sin penitencias, sin culpa. La impureza es gozo, es exceso, es humanidad.
🤡 La sátira contra la falsa pureza
Pero lo más jugoso del poema es la lista de “purezas” que Guillén ridiculiza. La pureza del virgo nonagenario, la pureza de los novios que se masturban en vez de acostarse juntos, la pureza de los internados donde florece la pederastia, la pureza de los clérigos, académicos y gramáticos. Guillén desenmascara la hipocresía: detrás de la fachada de pureza hay represión, perversión y mentira.
La ironía es feroz: la pureza de los que nunca tuvieron blenorragia, la pureza de la mujer que nunca lamió un glande, la pureza del que nunca succionó un clítoris. Guillén se ríe de los tabúes sexuales, de la moral mojigata que condena el placer. Su humor es irreverente, pero también liberador: nos recuerda que la vida es cuerpo, deseo, carne.
🔥 El diablo disfrazado de santo
Uno de los momentos más brillantes es cuando Guillén habla de los que se golpean el pecho diciendo “santo, santo, santo” mientras son “diablo, diablo, diablo.” Aquí el poeta desnuda la contradicción entre apariencia y realidad. La pureza proclamada es máscara, disfraz, teatro. La verdadera pureza, si existe, está en aceptar la impureza, en reconocer la mezcla, la contradicción, la humanidad.
🎭 Humor y picante como armas poéticas
Este poema no se lee con solemnidad, se lee con una sonrisa cómplice. Guillén juega con el lector, lo provoca, lo hace reír y pensar al mismo tiempo. Su humor es picante, porque toca temas sexuales sin pudor, pero también es filosófico: ¿qué es la pureza sino una construcción social que reprime la vida?
La enumeración de purezas absurdas es un catálogo de ironías. Guillén se burla de los moralistas, de los académicos, de los clérigos, de los que creen que la pureza es virtud. Su tono es desenfadado, casi conversacional, como si estuviera en una peña literaria soltando verdades entre tragos de ron.
📌 La impureza como verdad
Digo que yo no soy un hombre puro es un poema que reivindica la impureza como condición humana. Guillén nos dice que la pureza absoluta es aburrida, hipócrita o directamente falsa. La vida está hecha de mezcla, de deseo, de comida, de sexo, de errores. La impureza es autenticidad, es vitalidad, es libertad.
Con humor, con ingenio y con picante, Guillén desmonta la idea de pureza y nos invita a celebrar la impureza como forma de verdad. Su poema es un brindis por la vida sin máscaras, por el placer sin culpa, por la humanidad sin disfraces.