📸 Samuel Feijóo Rodríguez (1914–1992)
Poeta, narrador, ensayista y artista plástico cubano, nacido en San Juan de los Yeras, Las Villas, y fallecido en La Habana. Autodidacta y prolífico, se destacó por su exploración del folclor, la cultura campesina y las raíces míticas de Cuba. Fundó y dirigió revistas como Islas y Signos, y su obra abarca poesía, narrativa, ensayo y artes visuales. Considerado el “poeta de la cultura popular”, dejó un legado que lo consagra como una de las figuras más singulares y polifacéticas de la literatura cubana contemporánea. Foto: Habanaradio
EPITAFIO DEL POETA BOBO
Entre millones de libros ¿quién
leerá el tuyo?
Millones de libros,
generación tras generación,
bosques y bosques de versos,
generación tras generación,
montes y montes de páginas...
Generación tras generación...
Y tú escribiendo versitos,
ingenuo,
creyendo que alumbras
con tus lamparitas
el alma solitaria
que tal vez te encontró...
Y millones de libros vendrán
y siempre habrá un bobo
con su versito.
😏 Samuel Feijóo, este poeta nuestro y cubano que nunca se conformó con lo solemne, nos deja aquí un texto breve pero cargado de ironía y de filosofía popular. "Epitafio del poeta bobo" es, en esencia, una burla tierna y cruel a la vez: la idea de que, entre millones de libros, tu “versito” apenas será leído, y sin embargo, siempre habrá alguien que siga escribiendo, ingenuo, creyendo que aporta luz.
📚 La avalancha de libros
El poema arranca con una imagen abrumadora: millones de libros, generación tras generación, bosques y montes de páginas. Es como si Feijóo nos pusiera frente a una biblioteca infinita, donde cada nuevo texto se pierde en la masa. El poeta bobo es aquel que, en medio de esa avalancha, insiste en escribir su pequeño verso, convencido de que puede alumbrar algo. La ironía está en que, objetivamente, su aporte es mínimo, casi invisible.
💡 El ingenuo con su lamparita
La segunda parte del poema es deliciosa: el poeta ingenuo cree que con su lamparita ilumina un alma solitaria. Es una imagen tierna, casi infantil, pero también ridícula. Feijóo juega con esa dualidad: por un lado, reconoce la nobleza del gesto (escribir para alguien, aunque sea uno solo), y por otro, se ríe de la ingenuidad de pensar que ese verso cambiará el mundo. El “bobo” es, entonces, un personaje entrañable, pero también un símbolo de la vanidad inútil.
🔄 La repetición como burla
El poema insiste en la repetición: “generación tras generación”, “millones de libros vendrán”. Esa cadencia refuerza la idea de lo interminable, lo inabarcable. Es un recurso que convierte el texto en un mantra burlón: no importa cuánto escribas, siempre habrá más, siempre habrá otro bobo con su versito. La repetición es la risa del poema, su carcajada soterrada.
🤡 El epitafio como choteo
Llamar a esto “epitafio” es un gesto de humor negro. El epitafio suele ser solemne, pero aquí es una burla: el poeta bobo muere sabiendo que su obra se perderá entre millones. Es un epitafio que no honra, sino que ridiculiza. Y sin embargo, hay ternura en esa ridiculización: Feijóo no desprecia al poeta bobo, lo reconoce como parte inevitable de la humanidad. Siempre habrá alguien escribiendo, ingenuo, creyendo que aporta.
🌀 Entre la sátira y la verdad
Lo más interesante es que el poema, aunque burlón, dice una verdad incómoda: la mayoría de los versos se pierden, la mayoría de los poetas son olvidados. La literatura es un bosque donde pocos árboles destacan. El poeta bobo es, en realidad, casi todos los poetas. Y Feijóo, con su humor campesino y su ironía criolla, nos lo recuerda sin anestesia.
📌 El bobo necesario
"Epitafio del poeta bobo" es un texto breve pero contundente. Con tono coloquial y desenfadado, Feijóo nos dice que escribir versos es, en gran medida, un acto de ingenuidad. Pero también es un acto necesario: siempre habrá un bobo con su versito, y gracias a esos bobos la literatura sigue viva, aunque se pierda entre millones de páginas. El poema es burla, sí, pero también homenaje disfrazado. Porque sin bobos, sin ingenuos, sin lamparitas, la humanidad estaría mucho más oscura.