📸 Ramón Fernández-Larrea (Cuba, 1958)
Poeta, narrador, guionista y periodista cubano. Ganó el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal (1985) con el libro El pasado del cielo (publicado en 1987 por Ediciones Unión). También obtuvo el Premio Nacional de Radio y Televisión Caracol (1989) y el Premio Nacional de Radio Joven por su espacio El programa de Ramón. Se exilió en Canarias y luego se estableció en Barcelona, donde fundó y dirigió la emisora Radio Gladys Palmera. Ha colaborado en cine, escribiendo guiones y textos para documentales, además de encargarse de la banda sonora de la película cubana Guantanamera. Actualmente reside en Miami y continúa publicando poesía y narrativa, consolidado como una de las voces más singulares de la literatura cubana contemporánea. Foto: Editorial Verbum.
GENERACIÓN
Nosotros los sobrevivientes
a nadie debemos la sobrevida
todo rencor estuvo en su lugar
estar en Cuba a las dos de la tarde
es un acto de fe
no conocía mi rostro el frank con su pistola
yo tampoco conozco la cara
de quien va alegremente a joder en mi cama
en mi plato sin la alegría que merece
o que merecería si soy puro
viejo tony guiteras el curita los tantos
que atravesaron una vez la luz
no pensaron que yo sería ramón
sudaron porque sí porque la patria gritaba
porque todas las cosas estaban puestas al descuido
este es mi tiempo lleno de alambres y beirut
de esa bomba callando
era verdad lo que juanito dijo
la felicidad es una pistola caliente
un esplendor impensado una rosa
todos tenemos alguna estrella en la puerta.
👨🏫 Es un poema que parece sencillo en su forma, pero que encierra una densidad histórica y emocional enorme.
🌱 La voz de los sobrevivientes
El poema arranca con una declaración fuerte: “Nosotros los sobrevivientes / a nadie debemos la sobrevida.” Aquí el poeta se coloca en plural, habla desde una generación marcada por la supervivencia. No es un sobrevivir heroico, sino cotidiano, lleno de rencores que “estuvieron en su lugar.” Es decir, no hay épica, hay realidad. Estar en Cuba a las dos de la tarde —dice el poema— es un acto de fe. Y todos sabemos lo que significa ese calor, esa inmovilidad, esa prueba de resistencia. La poesía se convierte en testimonio de lo que implica simplemente estar.
🔫 La violencia y la intimidad
El poema introduce imágenes de violencia: “no conocía mi rostro el frank con su pistola.” La amenaza es anónima, el rostro del agresor se desconoce. Pero también aparece la invasión íntima: alguien que “va alegremente a joder en mi cama, en mi plato.” Es la sensación de que la violencia no está solo en la calle, sino en la vida privada, en la comida, en el descanso. El poema nos recuerda que la generación del autor vivió bajo presiones constantes, donde la intimidad estaba siempre vulnerada.
🕯️ La memoria de los héroes
Fernández Larrea invoca nombres: Tony Guiteras, el “curita”, los tantos que atravesaron la luz. Son figuras de la historia cubana, héroes que sudaron porque la patria gritaba. Pero el poeta dice: ellos no pensaron que yo sería Ramón. Es decir, la memoria heroica no alcanza para explicar la vida concreta del individuo. La generación actual carga con esa herencia, pero también con la distancia entre el mito y la realidad.
🌍 El tiempo de alambres y Beirut
El poema sitúa su tiempo: lleno de alambres, de Beirut, de bombas callando. Es una imagen de guerra, de violencia internacional, que se mezcla con la experiencia cubana. La generación del poeta no vive en un paraíso, sino en un mundo atravesado por conflictos. La referencia a Beirut, símbolo de destrucción en los años 80, conecta la isla con el mapa global de la violencia.
🔥 La felicidad como pistola caliente
Uno de los versos más provocadores es: “era verdad lo que Juanito dijo: la felicidad es una pistola caliente.” Aquí el poeta cita a John Lennon, que en una entrevista definió la felicidad como “a warm gun.” La frase se convierte en un símbolo de contradicción: la felicidad ligada a la violencia, al arma. Es un esplendor impensado, una rosa, pero también una amenaza. La poesía juega con esa paradoja: la felicidad es peligrosa, ardiente, nunca inocente.
🌟 La estrella en la puerta
El poema cierra con una imagen luminosa: “todos tenemos alguna estrella en la puerta.” Después de tanta violencia, de tanta memoria, de tanta crisis, aparece la esperanza. La estrella es símbolo de destino, de luz, de posibilidad. Cada uno, dice el poeta, tiene una marca, una señal que lo acompaña. Es un cierre que equilibra el tono: del derrumbe pasamos a la promesa.
📌 Una generación marcada
“Generación” es un poema que habla desde la voz colectiva, pero con la intimidad de lo personal. Fernández Larrea nos recuerda que ser parte de una generación en Cuba es sobrevivir, resistir, cargar con héroes y con bombas, con rencores y con estrellas. La poesía aquí no es ornamento, es testimonio. Y lo hace con un tono directo, sin solemnidad, con esa mezcla de ternura y crudeza que caracteriza la mejor poesía cubana contemporánea.
🎓 Léase este poema no solo como texto, sino como espejo. Preguntémonos qué significa ser “sobreviviente” aquí y ahora. La poesía de Larrea nos invita a reconocernos en esa tensión entre la violencia y la esperanza, entre la pistola y la estrella. Esa es la lección: la poesía nos sacude, pero también nos ilumina.