📸 Jesús David Curbelo Rodríguez
Poeta, narrador, ensayista, crítico literario, traductor y profesor universitario cubano (Camagüey, 1965). Licenciado en Letras por la Universidad Central de Las Villas. Ha publicado poemarios, novelas, cuentos, ensayos y traducciones, con textos difundidos en múltiples lenguas. Ganador del Premio Nacional de la Crítica en 2001 (El lobo y el centauro) y en 2004 (Parques), y distinguido con la Distinción por la Cultura Nacional en 1999. Figura imprescindible de la literatura cubana contemporánea, su obra se caracteriza por la densidad simbólica y la reflexión crítica sobre mito, memoria y destino.Foto: Ecured.
LEYENDA
Un hombre, una mujer y un caracol de agua
hicieron la ciudad a su abolengo,
anudaron a dioses con sirenas,
desvistieron el sueño y los galopes
del potro extraño de sus torsos ebrios.
Un hombre, poseído por la fuerza
que da la luz entrando a un caracol,
jugó la cuerda de agrupar nostalgias
cuando ya la mujer había partido
a ocuparse el invierno con su rostro.
Un hombre amado por las elegías,
esculpido y tallado en la madera
fundamental que el aire desmorona,
copió la villa a sombras y campanas,
a la edad de su sexo en los espejos
y al feroz epitafio de su esposa
nadando en el fulgor con que escapaba.
Un hombre, una mujer y un caracol sagrado
dotaron al paisaje con su aliento,
se fugaron del cuadro, fueron reyes
en la comicidad de su preludio.
Una mujer volvía como un dardo
al oscuro presagio de la infancia,
salmodiaba el silencio, los rituales
con que la lluvia le ofició sus credos.
Una mujer —cascada— se despeña
en el cuenco de un hombre; reconocen
los sudores del óleo, versifican
por la bondad del caracol danzante,
por las piedras que anuncian otras muertes.
Un hombre, una mujer y un caracol de agua
se perdieron detrás del unicornio:
el hombre casi dios en su demencia,
espuma la mujer como una barca,
dormido fuego astuto el caracol.
Y el potro de los pechos se deshizo,
decapitó sirenas y ciudades,
los dioses retornaron al escudo,
se perdió el arduo olor de los mercados
y el letargo crucial de los burdeles.
Un hombre, una mujer y un caracol de agua
habían salido a desandar el sueño,
a fundar su ciudad bajo el eclipse,
a conspirar la muerte, a conocerse.
✨ Este poema de Jesús David Curbelo despliega un universo mítico y simbólico donde tres figuras —un hombre, una mujer y un caracol de agua— fundan, destruyen y reinventan la ciudad, el paisaje y la memoria. La estructura narrativa se asemeja a un mito cosmogónico, pero con un tono elegíaco y crítico: la creación está atravesada por la pérdida, la nostalgia y la conciencia de la fragilidad humana.
🌊 El caracol de agua: símbolo de origen y memoria
El caracol aparece como eje simbólico del poema. Es recipiente de luz, instrumento de nostalgia, objeto sagrado y danzante. En la tradición poética, el caracol suele asociarse con el mar, la resonancia, la memoria. Aquí, Curbelo lo convierte en catalizador de la ciudad y del paisaje, en vínculo entre lo humano y lo divino. El caracol es tanto origen como destino, tanto refugio como enigma.
👥 Hombre y mujer: arquetipos de creación y pérdida
El hombre y la mujer son presentados como figuras fundacionales, pero también como seres marcados por la fragilidad. El hombre esculpido en madera que el aire desmorona, amado por las elegías, casi dios en su demencia. La mujer es espuma, cascada, barca, dardo: imágenes de fluidez, de tránsito, de vulnerabilidad. Ambos encarnan la tensión entre lo eterno y lo efímero, entre la creación y la desaparición.
La relación entre ellos es mítica y erótica, pero también trágica. La mujer parte, regresa, se despeña, se convierte en epitafio. El hombre copia la villa en sombras y campanas, pero su obra está marcada por la ausencia de ella.
🏛️** La ciudad como mito y ruina**
La ciudad que fundan “a su abolengo” es un espacio simbólico, tejido de dioses, sirenas, mercados y burdeles. Es una ciudad que nace del sueño, pero también se deshace en el eclipse. La urbe aparece como escenario de lo humano: lugar de comercio, de placer, de rituales, pero también de decadencia y pérdida.
El poema sugiere que toda fundación está destinada a la ruina: los dioses retornan al escudo, las sirenas son decapitadas, el olor de los mercados se pierde. La ciudad es tanto creación como epitafio.
🎭** El tono mítico y elegíaco**
Curbelo construye el poema con un tono de leyenda, como su título indica. Las repeticiones (“Un hombre, una mujer y un caracol de agua…”) funcionan como estribillo, como invocación ritual. La estructura recuerda a los relatos fundacionales, pero el contenido está atravesado por la elegía: cada creación lleva consigo la pérdida, cada fundación anticipa la destrucción.
El unicornio, las sirenas, los dioses, el caracol sagrado: todos son símbolos que remiten a lo mítico, pero en el poema aparecen despojados, deshechos, convertidos en ruinas.
📌 Mito, eros y elegía
Leyenda es un poema que reinterpreta el mito desde la perspectiva de la fragilidad humana. El hombre y la mujer, junto al caracol de agua, fundan y destruyen, crean y pierden, aman y se despiden. La ciudad es tanto abolengo como ruina, tanto sueño como epitafio.
Jesús David Curbelo logra un texto de gran densidad simbólica, donde la repetición ritual convive con la elegía, y donde el mito se convierte en metáfora de la condición humana: siempre sedienta de fundar, pero siempre condenada a perder.
IN ENGLISH
✨ This poem unfolds a mythical and symbolic universe where three figures—a man, a woman, and a water snail—found, destroy, and reinvent the city, the landscape, and memory. Its narrative structure resembles a cosmogonic myth, yet with an elegiac and critical tone: creation is always intertwined with loss, nostalgia, and the awareness of human fragility.
🌊 The water snail: symbol of origin and memory
The snail appears as the central symbol of the poem. It is a vessel of light, an instrument of nostalgia, a sacred and dancing object. In poetic tradition, the snail often evokes the sea, resonance, and memory. Here, Curbelo turns it into a catalyst of the city and the landscape, a link between the human and the divine. The snail is both origin and destiny, refuge and enigma.
👥 Man and woman: archetypes of creation and loss
The man and the woman are presented as foundational figures, yet marked by fragility. The man is carved in wood that the air erodes, loved by elegies, almost a god in his madness. The woman is foam, cascade, boat, dart: images of fluidity, transition, vulnerability. Together they embody the tension between the eternal and the ephemeral, between creation and disappearance.
Their relationship is mythical and erotic, but also tragic. The woman departs, returns, plunges, becomes epitaph. The man copies the town in shadows and bells, but his work is haunted by her absence.
🏛️ The city as myth and ruin
The city they found “to their lineage” is a symbolic space, woven of gods, sirens, markets, and brothels. It is born of dream, yet dissolves in eclipse. The city appears as the stage of human life: a place of commerce, pleasure, rituals, but also of decadence and loss.
The poem suggests that every foundation is destined for ruin: gods return to the shield, sirens are decapitated, the smell of markets vanishes. The city is both creation and epitaph.
🎭 Mythical and elegiac tone
Curbelo builds the poem with a legendary tone, as its title announces. The repetitions (“A man, a woman, and a water snail…”) function as refrain, as ritual invocation. The structure recalls foundational tales, but the content is elegiac: every creation carries loss, every foundation anticipates destruction.
The unicorn, sirens, gods, the sacred snail—all are mythical symbols, yet here they appear stripped, undone, turned into ruins.
📌 Myth, eros, and elegy
Legend reinterprets myth through the lens of human fragility. The man and the woman, together with the water snail, create and lose, love and depart, found and destroy. The city is both lineage and ruin, both dream and epitaph.
Jesús David Curbelo achieves a text of great symbolic density, where ritual repetition coexists with elegy, and myth becomes metaphor for the human condition: always eager to found, yet always condemned to lose.