El largo adiós
Los escritores se caracterizan en todos lados por reflejar en sus obras el mundo que los rodea, incluso cuando a veces lo hacen de forma inconsciente o solapada, y son muchos de ellos los que han usado sus escritos como una herramienta de denuncia contra los males de la sociedad de su tiempo.
El caso del escritor Upton Sinclair (1878-1968) con su novela de 1906, La jungla, es harto conocido, y se sabe como por causa de ella el presidente de los EE.UU. de la época, Theodore Roosevelt (1858-1919), puso en marcha leyes para asegurar la calidad de los alimentos para el consumo humano.
La sociedad norteamericana se puede considerar como una de las más avanzadas de la humanidad, y no sólo en cuanto a las garantías de las libertades individuales y a su defensa de la democracia. Las contribuciones hechas por ese pueblo producto de la mezcla de culturas de casi cada rincón del planeta son realmente incontables también en las ciencias, en la técnica, las artes, la medicina, y en muchas otras actividades, si bien a veces se suele ignorar todo eso, y muchos insisten en centrarse nada más en criticar los lados más oscuros. Pero como siempre sucede, esos lados oscuros también existen, y en esa sociedad se pueden ver grandes diferencias sociales a pesar de toda su riqueza.
En todas partes existe gente para la que la búsqueda de dinero y poder es el motor de las relaciones humanas, y por un motivo u otro, es precisamente esa clase de gente la que suele dedicarse a la política y triunfar, y mancha con su presencia, por su comportamiento marcado por horrendos crímenes e injusticias muchas veces enmascarado con buenos propósitos, los más puros ideales de los hombres y mujeres de bien.
Por eso no es de extrañar tampoco que la literatura norteamericana esté plagada con personajes de toda calaña: políticos demagogos, policías corruptos, traficantes de drogas o armas, drogadictos, proxenetas y prostitutas, indigentes, ladrones, y médicos sin escrúpulos para los que un tratamiento es más adecuado en tanto genere más dividendos.
En ese país no actúa tanto la censura como en otras partes y debido a eso es más fácil dar a conocer la realidad imperante.
Las novelas del escritor norteamericano Raymond Chandler (1888-1959) son conocidas precisamente por exponer toda esa variopinta mezcolanza de individuos mencionados antes; lo cual no tiene nada de particular si consideramos que es conocido como uno de los exponentes de la novela negra estadounidense, género donde suelen salir a relucir esa clase de personajes.
Por eso en las novelas de dicho autor a menudo podemos encontrarnos con las facetas más controvertidas de la sociedad de su país, y eso es más cierto si tenemos en cuenta la trama de la que está considerada su mejor novela, y una de las obras cumbres del género.
Me refiero a la novela El largo adiós, publicada por Hamish Hamilton en los Estados Unidos en 1953, y que en 1955 recibió el Premio Edgard Allan Poe a la Mejor Novela.
Portada de la novela El largo adiós de Raymond Chandler
El largo adiós es una de las novelas de Raymond Chandler en las que el carismático detective privado Philip Marlowe funge como protagonista, y su trama, escrita en la primera persona de costumbre, y con el estilo irónico característico del autor, se centra en la peculiar amistad que Marlowe desarrolla con Terry Lennox.
El individuo en cuestión resulta ser un hombre difícil de olvidar por ciertas marcas en su rostro, que a pesar de ello está casado con la hermosa hija de un millonario. Esto es lo que le sirve de pretexto a Chandler en esta ocasión para llevarnos de paseo por la realidad social de la ciudad de Los Ángeles, cuando una madrugada Lennox le pide a su amigo que lo ayude a salir del país con rumbo a México. El detective no se niega, como era de esperarse, y comienza a preocuparse cuando, a la mañana siguiente, se entera de que su conocido podría estar implicado en un horrendo asesinato. El hecho de haber ayudado a Lennox podría hacerlo parecer su cómplice a los ojos de la policía de la ciudad.
La víctima del crimen no es otra que la esposa de Lennox, y Marlowe se ve obligado a investigar lo sucedido por su cuenta, a la par que debe dedicarse a otro caso. El escritor Roger Wade ha desaparecido y su mujer, Eileen, junto con su editor, Howard Spencer, desean localizarlo. Pero el asunto se hace más difícil de lo esperado pues el suicidio de Lennox en Otatoclán, y su carta de confesión, cierran el caso.
Por otra parte, el padre de la muchacha asesinada, el millonario Harlan Potter, también parece sospechosamente interesado en echar tierra sobre el asunto, y mueve todas sus influencias para lograrlo.
El detective persiste en su empeño de todos modos y es esto lo que lo lleva a mezclarse con la mentira que se oculta por debajo de las apariencias inocentes, y lo hace correr peligro cuando es amenazado no sólo por la policía de Los Ángeles, sino hasta por un gánster amigo de Lennox. Las sombras se hacen más grandes a medida que investiga, mas poco a poco va descubriendo lo poco que conocía a Terry Lennox, y termina desencantado ante la realidad de una relación desigual en la que se había volcado de un modo desinteresado, sin imaginar que la otra parte lo estaba utilizando en provecho propio.
Todo esto es lo que hace de El largo adiós una de mis novelas favoritas de su género, y también una de las mejores novelas policiacas que se han escrito; y más cuando el texto no se detiene en la crítica social y se sumerge en el estudio de la lealtad, la amistad, y sus límites, a través de los distintos personajes y las situaciones narradas.
El libro también ha sido llevado a la gran pantalla en variadas ocasiones, si bien la versión más conocida se considera la dirigida en 1973 por Robert Altman, con el protagónico de Elliott Gould como el detective privado Philip Marlowe.
Por mi parte, me gustaría pudieran comentar su propio parecer acerca de esta interesante novela del género negro, la cual ahora les recomiendo por medio de estos párrafos por considerarla una obra digna de ser leída.
¿Qué creen ustedes?