El río que nos lleva
El mundo está en constante cambio, las sociedades se van tranformando a medida cambian los ideales o se hacen disponibles otras tecnologías, siempre fue así, pero en otros momentos históricos esos cambios fueron más pausados, y luego todo se fue acelerando hasta nuestros días.
Por eso no es de extrañar la forma como muchos oficios y actividades cotidianas llegan a desaparecer, a pesar de haber sido una vez de lo más corrientes, y haber dado la sensación de ser eternas; como si nada de lo anterior importara llega un momento cuando se olvidan casi como por encanto, como si nunca hubiera habido necesidad de ellas realmente.
El oficio de los gancheros del río Tajo es una muestra fehaciente de lo dicho; eran hombres curtidos, acostumbrados a los trabajos más duros y a la soledad extrema de las serranías.
Las maderadas estaban compuestas por una enorme cantidad de troncos sueltos que iban flotando llevados corriente abajo, y eso hacía del oficio una actividad peligrosa en extremo que no toleraba errores y demandaba no sólo esfuerzos. El Maestro de Río no era el único que debía poseer un conocimiento extenso del curso del Tajo, sino que cada individuo de cada una de las tres compañías que éste dirigía: la delantera, la del medio, y la de la zaga; debían conocer el río casi tanto como a las palmas de sus manos. La necesidad de conducir la manada de troncos a través de una corriente de aguas a veces embravecida desde el curso alto del Tajo, en donde eran cortados los árboles de las dimensiones adecuadas, hasta llegar a Aranjuez en la provincia de Madrid, donde la mercancía era entregada, y de hacerlo como si se tratara de un inocente rebaño de ovejas con sólo un bichero y su pericia como únicas herramientas, demandaba una preparación no siempre apreciada a primera vista por los profanos.
¿Quién les iba a decir a esos hombres, que durante cinco siglos acarrearon madera a veces de pie en los troncos en rápido movimiento, demostrando un talento digno de los artistas de circo, que un día iban a estar cesantes?
Pero ese día también les llegó a ellos, y cuando bien entrado el siglo XX, se desarrolló lo suficiente el transporte, los gancheros fueron relegados a los museos.
La novela El río que nos lleva, escrita en 1961 por el escritor, humanista y economista español José Luis Sampedro (1917-2013) describe con su trama la vida de esos hombres esforzados; una novela costumbrista que, sin duda, es un verdadero homenaje a los gancheros del Tajo, y recrea con maestría el mundo tal cual ellos lo conocieron en su día.
El libro está organizado a partir de tres exagramas del Libro de las Mutaciones: KAN, TCHAN, y LI, y la trama transcurre en los años cuarenta, y se inicia en las cercanías del pueblo de Zaorejas, en la Serranía Ibérica. Es en esa región donde Roy Shannon, un irlandés de 32 años y excombatiente de la Segunda Guerra Mundial, comienza su vagabundeo por España en vez de regresar a su país. Esto lo lleva a conocer a Paula, una mujer envuelta en las sombras, y a los gancheros de El Americano, en una época emigrante en el Nuevo Mundo y ahora capataz de la ganchería. El irlandés se decide a unirse a los gancheros durante su peligrosa travesía río abajo, y eso sirve de pretexto para llevarnos de región en región por los parajes de: Alpetea, Huertahernando, Huertapelayo, Valtablado del Río y Ocentejo, hacia los barrancos y parameras de La Alcarria; pasa entonces por los pueblos de Carrascosa, Trillo, Viana y Zorita de los Canes, situados a orillas del Tajo, y por espacios naturales como Entrepeñas y el tajo de Anguix; y continúa con la maderada por los sotos de Mazuecos, Fuentidueña y Buenamesón, hasta llegar al Real Sitio de Aranjuez.
El río que nos lleva, no se detiene solamente en recrear la vida nómada de los gancheros y los paisajes por donde pasaban, aun si gracias a ella su autor fue nombrado en 1991 Hijo Adoptivo de Guadalajara. En la novela también se pueden encontrar las costumbres de la gente de la época, y los problemas con los que lidiaban debido a las diferencias sociales, el caudillismo y la corrupción. En sus páginas hasta nos da una idea de las creencias y las celebraciones religiosas del pueblo español de la época, lo cual también forma parte de la cultura de los pueblos y no deben de despreciarse. Es por todo esto por lo que El río que nos lleva me parece una lectura recomendable, y pensé en compartir mi propia experiencia, pues resulta instructiva además de entretenida y despierta una cierta nostalgia por lo pasado.
La obra fue llevada a la gran pantalla por Antonio del Real en 1989, con guión de Antonio Larreta y música de Carles Cases y Lluis Llach; y debo mencionar a mí me gustó en particular la banda sonora de la película.
El filme mantuvo el mismo título del libro, y fue el propio Sampedro quien, en unión a del Real, supervisó su guión.
Peguntas para ti:
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