
Me han tocado unas cuantas noches sin batería en el celular y con demasiado frío para hacer otra cosa que estar en cama desde temprano. Después de algunas horas sin poder conciliar el sueño y mi mente llena de pensamientos, decidí volver a intentar no pensar.
A diferencia de otros intentos en el pasado en que era muy estricto conmigo mismo, esta vez decidí que sería interesante verlo como un juego. Al igual que los juegos, cuando pierdes puedes volver a empezar y en cada intento vas llegando más lejos. Así mismo fue y llegué a relajarme tanto que dormí, con sueños increíblemente nítidos y tan coherentes que parecía una segunda vida.
Me ha gustado muchísimo cambiar el enfoque de no pensar a algo más divertido en vez de tan serio. La seriedad solo genera estrés y más pensamientos. Ha sido un descubrimiento muy agradable y espero seguir evolucionando en su práctica.