Conocer todos los Estados, que conforman mi hermoso país, siempre había sido una de mis metas más importantes.
El territorio de La República Bolivariana de Venezuela está integrado por 23 Entidades Federales (Estados), un Distrito Capital que forma parte de Caracas la ciudad Capital del País, una zona que se encuentra en reclamación y varias Dependencias Federales (Islas).
Para el mes de enero del año 2009, ya había tenido el privilegio de conocer 20 Estados. Tan solo me faltaban, por visitar y recorrer, las zonas más emblemáticas de los Estados Amazonas, Barinas y Táchira.
¡Estaba listo! ¡era hora de ponerse en marcha!
Recuerdo que cuando le presentaba a mi familia la idea de aquella aventura, aún no tenia un plan trazado. Fue Valentina, la menor de mis hijas, quien en ese mismo momento estableció la ruta a seguir, ella me miró fijamente y dijo, en tono algo desafiante --pero tenemos que comenzar visitando La Cueva el Guácharo --no es mala idea --le respondí--.
Valentina no podía recordar con detalles, aquel emblemático lugar del Estado Monagas, a pesar de haber estado allí varias veces, cuando aún era una niña muy pequeña.
Aquello me motivó a elegir al Parque Nacional El Guácharo, enclavado en las bellas montañas monaguénses, como punto de partida de nuestra aventura.
Emprendimos nuestro viaje muy temprano en la mañana, me acompañaba mi esposa María Mercedes, Christian Eduardo el mayor de mis hijos, mi hija mayor Leslie María y, por su puesto, Jackelyn Valentina, la más entusiasta y la más contenta de todo el grupo.
En pocas horas habíamos dejado atrás a Barcelona capital del Estado Anzoátegui, ciudad natal de toda la familia, y lugar donde se encontraba nuestro hogar para ese entonces.
Llegamos al pintoresco pueblo de Caripe en horas del mediodía, y no perdimos tiempo para iniciar nuestro recorrido.
Subimos hasta la Cueva el Guácharo bajo un apacible sol. Después de varios años estábamos de regreso, y Valentina no veía la hora de entrar a aquel santuario.
El mirador de Caripe tambien nos espero con paciencia ¿Cuantos recuerdos? ¿Cuanto habían crecido nuestros hijos? El tiempo no se había detenido había pasado como un rayo.
Ya en horas de la tarde, casi noche, de ese mismo dia, despediamos aquel mágico lugar. Valentina nos regalaba una hermosa sonrisa de satisfacción, mientras saboreaba unas fresas con crema, como señal de haber logrado su meta particular. La famosa Cueva del Guácharo quedaría grabada para siempre en su mente.
Tres horas después, nos daba la bienvenida al Estado Bolívar, el majestuoso Puente Orinoquia, segundo puente de envergadura construido sobre el río Orinoco, y una de las principales puertas de entrada a estas tierras productoras por excelencia del mineral del hierro.
Continuamos hasta Ciudad Bolívar, la capital del Estado, con la expectativa del largo trayecto que aún nos separaba de una de las primeras y principales razones de nuestro viaje, allí dormimos esa noche.
Un hermoso amanecer nos invitó a caminar por el Paseo del Orinoco, adornado a corta distancia por el Puente Angostura, primer puente con parcial estructura colgante, construido sobre uno de los ríos más importantes de América Del Sur que nace en Venezuela, el río Orinoco.
Luego de aquel ameno recorrido, y un exquisito desayuno, reanudamos nuestra travesía.
Seleccionamos la ruta a seguir, vía Caicara del Orinoco, avanzamos através de aquella carretera inóspita para nosotros, y bordeada por el verde follaje.
Aprovechamos la oportunidad para comprar algunas de las ingeniosas y humildes artesanías elaboradas por nuestros estimados hermanos indígenas, pobladores ancestrales de gran parte de esa zona de nuestro querido país, dentro de los que se hayan las etnias, Piaroa, Pemón, Yecuana, Panare, Sanemá y Hotis.
Manejé durante 11 horas hasta alcanzar la Capital del Estado Amazonas. A las 9 de la noche hicimos nuestra entrada triunfal a Puerto Ayacucho, sin embargo, ni lo avanzado de la hora, ni el agotamiento nos impidieron la celebración.
Solicitamos, con éxito, el uso de la amplia piscina del hotel donde decidimos hospedarnos. Nadar en aquella piscina, por un buen rato, resultó una de las mejores terapias de relajación. El lugar se prestó para el festejo, para agradecer lo bien que habíamos llegado y, sobre todo, para planear nuestros próximos movimientos.
La suculenta cena no impidió levantarnos temprano para iniciar nuestro recorrido por Puerto Ayacucho, ciudad limítrofe con el vecino país Colombia.
Nuestra prioridad principal era acercarnos, lo más que pudiéramos, al Monumento Nacional Cerro Autana (Tepuy Autana), el Árbol de la Vida, la Montaña Sagrada para la Etnia Piaroa.
La curiosidad nos dirigió hacia los Monumentos Naturales Piedra de la Tortuga y Piedra Pintada en busca de Petroglifos, pero los antiguos grabados sobre rocas se encontraban muy distantes, era arriesgado adentrar más, nuestro pequeño vehículo, en aquel terreno. El tiempo apremiaba y tuvimos que abortar la expedición.
A pesar del esfuerzo, pagamos un alto precio por nuestro corto desvío. La embarcación que nos conduciría al enigmático Tepuy Autana había zarpado muy temprano, previendo un retorno seguro. La escasa pluviosidad de esa época del año, mantenía muy bajos los niveles de las aguas del río Sipapo, raudal que conduce al Árbol de la Vida, lo que dificultaría la navegación nocturna.
Nos animamos a una rápida visita a la simpática Isla de Ratón del Carmen, localizada al margen del río Orinoco.
Luego de cruzar el río Orinoco nuevamente, en la pequeña lancha a motor, nos trasladamos al turístico y no menos conocido Tobogán De La Selva, Valentina y yo no aguantamos la tentación, y nos dimos un baño relámpago en el famoso tobogán.
Caída la noche de aquel día tan especial. Con algo de tristeza y la firme promesa de volver, dejamos los límites del Estado Amazonas cruzando por cuarta vez al mítico río Orinoco. En esta oportunidad lo cruzamos en Chalana, por su parte más angosta, un recodo del río conocido como el Paso El Burro.
Desembarcar en Puerto Páez fue reencontrarse con el pujante Estado Apure. Tierra ganadera, de historias y leyendas.
Mientras conducía, la oscura noche nos brindaba una fantástica vista de las miles de estrellas que adornaban el cielo apureño. No fue difícil encontrar dónde dormir esa noche.
Descansamos a las afueras de San Fernando de Apure la Capital del Estado.
Amanecer en tierras llaneras siempre es agradable y placentero. Con nuestros objetivos muy claros nos pusimos en marcha nuevamente, no sin antes, degustar unas sabrosas empanadas llaneras acompañadas con unos reparadores jugos de naranja con zanahoria.
La mañana nos recordaba que estás tierras vieron nacer al Prócer de la Patria José Antonio Páez, y también inspiraron al escritor Venezolano Rómulo Gallegos a escribir su novela Doña Bárbara, un clásico de nuestra literatura.
Fue muy gratificante encontrarse otra vez, con los amables pobladores de Achaguas. Pueblo devoto del Nazareno de Achaguas, con una colorida iglesia fielmente cuidada, y de fiestas memorables.
El hermoso Nacimiento Navideño todavía adornaba la entrada de la iglesia, esperando la llegada de los tres Reyes Magos.
No todos los días se tiene la oportunidad de almorzar frente al río Apure. Caímos a los pies de aquellos llamativos olores. Nada como la carne en vara de Bruzual.
Más allá de Bruzual, al cruzar el puente José Cornelio Muñoz, elevado sobre el río Apure, esperaba por nosotros la segunda razón de nuestra travesía.
Luego de un trayecto que la emoción había hecho muy corto, entrábamos por primera vez al Estado Barinas.
El calor humano de los barinenses, gente trabajadora y llena de generosidad, nos daba la bienvenida.
Habíamos llegado a la Tierra de las coplas, de los corridos y de los cantares. Cuna de numerosos cantantes de la música folklórica llanera venezolana y de las hermosas sabanas infinitas.
El legendario Camoruco nos dio la bienvenida a la ciudad de Sabaneta de Barinas. Ya hacen 246 años, este noble árbol había visto pasar bajo su sombra al mismísimo Libertador Simón Bolívar, al Catire Páez y a Ezequiel Zamora.
¡Ahora nos tocaba a nosotros!
La emoción estaba a flor de piel por la cercanía de Barinas la Capital ¡Barinas linda Barinas! Como no enamorarse de su cielo color azul intenso lleno de arreboles, de sus llanuras, de sus ríos y de su historia musical. Habíamos alcanzado el Estado 22 del país y su Capital comenzaba su embrujo.
La música es parte esencial de Barinas. Hasta el Cuatro, instrumento musical típico de nuestros pueblos, fue engalanado merecidamente, con un lugar especial a la entrada de la ciudad.
Como nos hubiera gustado quedarnos en Barinas por mucho más tiempo. La nostalgia de salir de aquel paraíso creaba un contraste con la felicidad. Estábamos muy cerca de alcanzar visitar a todos los Estados de nuestra amada Venezuela.
Con un prometido¡Hasta luego! nos despedimos de la ciudad de los vientos.
En quella hermosa mañana la neblina se había disipado por completo, y el día pintaba buen clima para manejar con seguridad y tranquilidad hasta nuestro anhelado destino.
Fueron cinco horas continuas de viaje hasta llegar a San Cristóbal, Capital del Estado Táchira.
Nos invadió un espíritu de humildad y paz mientras entrábamos a la ciudad de la Cordialidad.
Se estaba comenzando a hacer realidad uno de nuestros más importantes sueños.
Siguiendo las sugerencias, de los hospitalarios y amables tachirenses, visitamos el Parque Nacional " Chorro El Indio".
Allí, mi hija Valentina, aprovechó para montar a caballo por un rato. Dando inicio a una celebración que nunca acabaría.
Nuestra tranquilidad se vio momentáneamente amenazada, debido a la problemática de gasolina, típica de los Estados fronterizos. Sin embargo, descubrimos que teníamos algunos privilegios como turistas y no dudamos en usarlos. Logramos surtir gasolina rápidamente y proseguimos.
Después de varias consideraciones decidimos conocer la ciudad suplente de San Cristóbal. La ruta del "Cristo Redentor" nos conduciría a La Grita.
Llegamos en medio de la noche, la ciudad estaba
envuelta en un clima espectacular. Luego de hospedarnos, no sé por qué estraña razón, a todos nos apetecía cenar pizza. No podremos olvidar nunca aquella cena familiar, fue toda un agasajo entre anécdotas, recuerdos y chistes. Nos separaban 1200 kilómetros de distancia de nuestra casa, pero allí, en ese preciso momento, estaba nuestro hogar.
Después de un sueño reparador, nos levantamos dispuestos a continuar explorando las bellezas que guardaba el páramo tachirense. Atrás dejabamos otro lugar fascinante al que, en algún momento futuro, regresariamos.
No podíamos irnos del Táchira, sin antes degustar la típica Pisca Andina. Desayunamos con ese plato tan regional, en una pequeña pero acogedora Posada Restaurante, ubicada al lado de la carretera que nos guiaría al encuentro del páramo merideño.
A medida que me acercaba al final de aquel extraordinario territorio, no podía evitar sentír que algo de mí se quedaba en esas tierras. Escuchaba como si el páramo Tachirense, queriendo consolarme, me susurrara suavemente al oído: ¡Lo lograron! ¡Lo lograron!
Las despedidas nunca han sido fáciles, aquella no fue la excepción. Me retiré un poco de nuestro fiel vehículo, ore en silencio y luego dije adiós.
A corta distancia nos recibía, como a viejos amigos, el páramo Merideño. Estábamos entrando al Estado Mérida e iniciando al mismo tiempo, el largo camino de retorno a casa.
Con mucho cuidado conduje, en medio de la abundante neblina, hasta alcanzar la ciudad de los caballeros.
Un viejo amigo, residente de la Ciudad de Mérida, nos acompaño esa tarde y casi la totalidad del día siguiente.
Abel, nuestro amigo, nos informó que el Sistema de Teleféricos de Mérida, el más alto y uno de los más largos del mundo, se encontraba en mantenimiento.
Claramente recordaba cuando Christian Eduardo y Leslie María, siendo aún bebés, habian subido al Pico Espejo conmigo y mi esposa, en ese teleférico.
Para nuestra sorpresa, Abel, derrochando caballerosidad, nos llevó a conocer un sistema de Metro Cable de corto recorrido, que había sido inaugurado recientemente, y estaba construido justo al lado del largo teleférico Mukumbari.
Según Abel, no podíamos dejar la ciudad de Mérida sin haber disfrutado un paseo en teleférico.
Fue muy emotiva aquella tarde en la que despedimos a nuestro amigo Abel Romero y reanudamos nuestro viaje de regreso.
Luego de 2 horas de viaje, nos detuvimos a descansar en Mucuchíes, pueblito andino que entre otras maravillas sirvió de locación para el rodaje de la película El Manzano Azul . Àlli arribamos a las 9 de la noche, la neblina lo cubría todo y hacia mucho frío.
Nos hospedamos y dormimos fundidos en un cálido abrazo.
No salimos de la posada, sino hasta que hizo su aparición el astro rey.
Pronto alcanzamos a San Rafael del Páramo de Mucuchíes, el pueblo ubicado a mayor altura en Venezuela, y vigilante eterno de la Capilla de Piedra, Patrimonio Cultural dónde quedan grabadas las memorias de todos los visitantes.
Más adelante nos reencontramos con el Pueblito de Apartaderos, donde hicimos un recorrido exploratorio por el Observatorio Astronómico Nacional Llano de Hato, seguido de una parada para ver a los cóndores más de cerca.
La carretera trasandina nos continuó guiando por el Parque Nacional Sierra La Culata hasta el Collado del Cóndor (Pico el Águila), el cual nos recibió, después de varios años sin vernos, con los brazos abiertos.
Seguimos bajando por el páramo merideño buscando La Puerta, ciudad del Estado Trujillo, dónde aprovechamos para saludar a una familia amiga que había emigrado a la tambien trujillana ciudad de Valera desde Barcelona.
Con la temperatura aún en modo agradable, pasamos al lado de la ciudad de Valera, y fijamos rumbo hacia la ciudad Larense de Barquisimeto. No podíamos continuar el viaje sin visitar al mayor de todos mis hermanos, quien ha vivido en el Estado Lara casi toda su vida.
La visita a mi hermano Freddy, fue la más breve que le hallamos hecho en mucho tiempo, solo duró un día. Muy temprano en la mañana nos pusimos en marcha nuevamente. Estábamos tan entusiasmados en nuestra aventura que, habíamos perdido de vista el paso de los días, y era hora que los muchachos regresaran a clases. Pero, no podíamos dejar de hacer una rápida visita a la Colonia Tovar.
Nuestro vehículo se desplazaba por la Autopista Regional del Centro. En las inmediaciones de la ciudad de Valencia, en el Estado Carabobo, decidimos hacer un desvío hacia el colindante Estado Aragua.
En la también emblemática ciudad de La Victoria del Estado Aragua, encontraríamos la empinada carretera que conduce a la Colonia Tovar.
Muy rápidamente encontramos la ciudad fundada por emigrantes Alemanes años hace, y nos unimos a todo aquel movimiento típico de la Colonia Tovar.
Luego de almorzar y hacer algunas compras, en la agradable colonia , iniciamos nuestro descenso a Caracas la Capital del País.
Por un momento consideramos pernoctar en Caracas esa noche, para subir en teleférico al fabuloso Wuaraira Repano (Cerro el Ávila), en la mañana. Pero lo dejaríamos para otra oportunidad.
Después de cenar una rica comida china, y ponernos de acuerdo en llegar a casa ese mismo día, encendí el fiel Mitsubishi Signo y emprendimos el recorrido final a nuestra casa.
Muchos pensamientos pasaban por mi mente a medida que iba dejando atrás al Estado Miranda.
La Basílica del Cristo de José, el Cristo de todos los viajeros, nos anunciaba que estábamos próximos a nuestro destino.
La familia dormía, recostados todos a los asientos del carro, cuando arribamos a Barcelona.
Eran casi las doce de la noche. Nuestra casa nos recibía con alegría después de varios dias de ausencia.
Quizás, luego de superada la pandemia del Covid-19, nos animemos a emprender un nuevo viaje de profundo reencuentro con nuestra gran Venezuela.
Sin embargo, haber recorrido aproximadamente 3600 kilómetros, atravezar 10 Estados conocidos para lograr visitar 3 Estados desconocidos, jamás dejará de ser una ¡experiencia inolvidable!
Resources:
Envio mi infinito agradecimiento a todas las personas detrás de cada trabajo fotográfico. Realmente muchísimas gracias por lo que hacen.
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Parque_nacional_El_Gu%C3%A1charo
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