Hace poco, impulsada por la insistencia de mi hermano y mi hermana, comencé a leer "Hábitos Atómicos" de James Clear. Siendo sincera, al principio no esperaba gran cosa, quizás porque a veces las recomendaciones de personas cercanas llegan con una carga de compromiso. Sin embargo, desde las primeras páginas, la claridad y sencillez con la que el autor aborda el tema de los hábitos me engancharon por completo. Esta lectura, bueno debo decir, una audio lectura ya que lo estoy escuchando porque he estado ocupada, me ha provocado una mezcla de sentimientos: por un lado, una satisfacción profunda al comprender mecanismos que antes me resultaban confusos de entender; por otro, una dosis palpable de frustración al verme reflejada en muchos de los ejemplos y al reconocer mis propias limitaciones a la hora de establecer y mantener hábitos positivos.
Creo que esta situación siempre viene con los libros que buscan nuestro crecimiento personal. Enfrentarnos a nuestros propios errores, a esos patrones de comportamiento que nos limitan, nunca es del todo cómodo. Y es precisamente ahí donde "Hábitos Atómicos" pone el dedo en la llaga: nos obliga a confrontar esa "poca disposición o visión" que a veces tenemos para identificar nuestros propios errores y las maneras en que nuestros hábitos diarios, por pequeños que sean, moldean nuestra realidad. Nos hacen ver que somos artesanos de nuestro futuro. Este libro nos hace pensar: ¿somos buenos o malos artesanos? ¿Al final de la obra estaremos orgullosos del resultado o simplemente nos avergonzará el resultado?
Aunque aún me falta mucho por escuchar, hay conceptos que resuenan fuertemente en mí. Uno de ellos fue la idea de cambiar un 1% para conseguir resultados en el tiempo, ya que aunque no lo vemos, con la suma y el paso de los días ese porcentaje en el que se ha mejorado termina sumando una gran cantidad. También he repasado varias veces en mi cabeza los pasos que necesito para adquirir nuevos hábitos, y no hablo de malos hábitos, hablo de buenos hábitos: Señal, anhelo, respuesta, recompensa.
Es en este punto es donde la frustración se hace más evidente. Al leer, inevitablemente comienzas a analizar tu propia vida, tus propias rutinas. Te percatas de esos hábitos negativos que has normalizado, esas excusas que te cuentas a ti misma y que, silenciosamente, te alejan de tus objetivos. Reconocer estas "fugas" de energía y de progreso puede ser un tanto doloroso. Es como descubrir que la persona que se sabotea eres tú misma. Me ha dolido demasiado; al final, como dice el libro, esa acumulación de malos hábitos es lo que nos lleva a conseguir los mismos resultados decadentes.
Fuente
Sin embargo, dentro de esa incomodidad se esconde una oportunidad de oro. La conciencia es el primer paso hacia el cambio. Y "Hábitos Atómicos" no se limita a señalar los problemas; también me ha ofrecido una "chuleta" jaja, paso a paso para empezar a construir soluciones. La clave está en enfocarse en esas pequeñas mejoras, en esos "hábitos atómicos" que, aunque parezcan insignificantes de forma individual, generan un impacto exponencial cuando se acumulan con el tiempo.
Pensemos en gestos sencillos: preparar la ropa la noche anterior para facilitar la mañana, dedicar diez minutos a leer antes de dormir en lugar de navegar sin rumbo por el teléfono, o proponerte hacer ejercicios diarios. Son acciones minúsculas, pero que, repetidas con constancia, sientan las bases para transformaciones mucho más profundas y que terminan siendo parte de tu identidad.
Entiendo que el camino hacia la construcción de nuevos hábitos y la eliminación de los viejos no es fácil, ¡Nada fácil! Es un sube y baja. Habrá días en los que sienta un avance significativo y otros en los que parezca que retrocedo. Pero la clave, como bien plantea el libro, nace en la perseverancia. No se trata de buscar la perfección desde el inicio, sino de comprometerse con un proceso de mejora continua, celebrando cada pequeño logro en el camino.
Así que, sí, gracias a la insistencia de mi hermano y mi hermana, me encuentro inmersa en la lectura de "Hábitos Atómicos". Y aunque a veces me asalta esa sensación de "¡ahora entiendo por qué me ha costado tanto esto!", también experimento una renovada esperanza y una mayor claridad sobre cómo empezar a implementar cambios significativos en mi vida. Es como si, finalmente, tuviera una ruta fácil de mis propias costumbres y comenzar a construir un camino más alineado con mis aspiraciones.
Pensemos en gestos sencillos: preparar la ropa la noche anterior para facilitar la mañana, dedicar diez minutos a leer antes de dormir en lugar de estar pegada en el cel sin rumbo, o proponerme una pequeña caminata diaria. Son acciones minúsculas, pero que, repetidas con constancia, sientan las bases para transformaciones mucho más profundas.
Entiendo que el camino hacia la construcción de nuevos hábitos y la erradicación de los viejos no es lineal. Habrá días en los que sientas un avance significativo y otros en los que parezca que retrocedes. Pero la clave, como bien plantea el libro, está en la perseverancia y en la autocompasión (que no es lastima, ojo). No se trata de buscar la perfección desde el inicio, sino de comprometerse con un proceso de mejora continua, celebrando cada pequeño logro en el camino.
Bye!