Hoy me encontraba navegando por Instagram, como quien camina sonámbulo. Sin un objetivo en mente, solo deslizando el dedo de aquí para allá y de allá para acá, dejándome llevar por la corriente infinita de imágenes y videos (perdiendo el tiempo pues). Y fue en ese momento de total desconexión cuando me topé con una frase que me sacudió: “Lo que no estás cambiando, lo estás eligiendo”.
Al principio, no le di mucha importancia. Era solo otra frase motivacional más, de esas que abundan en las redes sociales. Pero algo en ella resonó dentro de mí. Me hizo detenerme a reflexionar sobre mi propia vida. ¿Cuántas veces me he quejado de mi situación, de mí, de mis relaciones? ¿Cuántas veces he deseado un cambio, pero me había quedado paralizada por el miedo o la pereza?
La respuesta era clara: demasiadas. Y es que, a pesar de que a veces nos gusta creer que somos víctimas de las circunstancias, la verdad es que tenemos mucho más control sobre nuestras vidas de lo que pensamos. Cada día tomamos miles de pequeñas decisiones que nos llevan a donde estamos. Si no nos gusta el camino que estamos recorriendo, siempre tenemos la opción de cambiar de dirección.
Creo que esto sucede por el miedo al cambio, puesto a que es un obstáculo común que nos impide avanzar. Nos aferramos a lo conocido, a nuestra zona de confort, aunque seamos conscientes de que allí no encontraremos la felicidad que anhelamos. Sin embargo, es importante recordar diariamente que el crecimiento personal ocurre fuera de nuestra zona de confort.
Nuestra zona de confort es como una manta suave y cálida que nos mantiene cómodos, que no nos deja alcanzar algo mejor, ese edredón, convirtiéndose así, al final, en una prisión. Esto nos brinda seguridad, pero limita nuestras posibilidades. Al salir de ella, nos exponemos a lo desconocido, a lo que nos asusta. Pero es precisamente en ese espacio donde encontramos nuevas oportunidades y experiencias.
Para salir de nuestra zona de confort debemos ser conscientes que debemos eliminar de nuestra vida los malos hábitos, puesto a que estos son los que hemos desarrollado a lo largo de los años, y que muchas veces tienen en pausa nuestra vida. Si queremos cambiar nuestra realidad, debemos estar dispuestos a cambiar esos malos hábitos por buenos. Es como construir un nuevo edificio: debemos derribar la estructura antigua para construir una nueva. Por ejemplo, de un tiempo para acá he tratado de estructurar mejor mi vida, y esto me ha traído mejores resultados que simplemente quejarse.
Yo soy una persona católica, o bueno catoliquísima jaja y he aprendido que visualizar mis objetivos es como sembrar una semilla en el fértil terreno de nuestra alma. Al imaginar nuestros objetivos con claridad y detalle, estamos pidiendo a Dios que los haga crecer. Es como trazar un camino espiritual, donde cada paso nos acerca más a Su voluntad y a nuestros anhelos más profundos. Al igual que un artista visualiza su obra antes de plasmarla en el lienzo, nosotros visualizamos nuestra vida ideal, confiando en que Dios, el Gran Artista, nos ayudará a darle forma
Pero aunque confiemos en Dios, debemos saber que necesitamos un plan de acción claro y conciso, ya que será esencial para lograr cualquier objetivo. Para esto, debemos dividir tus metas en pequeños pasos y establecer un cronograma realista (ejemplo nadie rebaja 10 kg de un día a otro). En este hermoso camino celebra tus logros, por pequeños que sean, para mantenerte motivado.
¿Qué es lo más difícil para lograr cumplir nuestros objetivos? Pues nada más y nada menos que la perseverancia, la disciplina, ya que como dice Sascha Barboza “la motivación es efímera, pero la perseverancia y disciplina son las que te mueven” cuando la flojera se apodera de ti. Estas virtudes son fundamentales para alcanzar el éxito. Habrá momentos en los que te sientas desanimado o quieras rendirte. Pero recuerda que los grandes logros requieren tiempo y esfuerzo.
Las relaciones que establecemos con los demás tienen un impacto significativo en nuestra vida. Personalmente me encanta rodearme de personas positivas, inteligentes, de buena conversación y que me inspiran a ser una mejor versión de mi misma. Por eso te aconsejo evitar a las personas tóxicas que nos roban energía.
El autocuidado es esencial para nuestro bienestar físico y mental. Dedicar tiempo a hacer las actividades que disfrutas, como leer, tomar un café, porque no una rica copa de vino, hacer ejercicio o pasar tiempo en la naturaleza hará una gran diferencia. Cuidar de tu cuerpo y de tu mente traerá para tu vida paz.
En conclusión, todos tenemos el poder de cambiar nuestras vidas. Todo lo que necesitamos es la voluntad de hacerlo. Al salir de nuestra zona de confort, establecer metas claras, desarrollar nuevos hábitos y cultivar una actitud positiva, podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos. Recuerda, “lo que no estás cambiando, lo estás eligiendo”.
Bye!