¡Hola! ¿Qué tal?
No soy de las que vive pegada a los deportes, y menos al fútbol y para hacer peor esta introducción debo admitir que soy muy panchera, lo admito. En una final de mundial jugó España contra Holanda y yo le iba a Holanda (para llevar la contraría), pero ganó España, entonces les dije a todos que le iba a España para igual celebrar jaja. ¡La emoción del triunfo es contagiosa! (Y eso solo se consigue si le vas al ganador).
Pero ayer fue diferente, me contagié de la emoción que se vivió con la Vinotinto. Ver cómo la gente se unía, cantaba y celebraba cada jugada fue algo increíble.
El fútbol tiene eso, ¿no? Une a las personas de una manera única. No importa de dónde seas, de qué equipo seas o si eres hombre o mujer. En un partido de fútbol, todos somos uno solo. Y en el caso de Venezuela, esa unión es aún más especial. Somos un país de inmigrantes, con gente de todas partes del mundo. Y a pesar de la distancia y las diferencias, nos une una misma pasión: la Vinotinto.
Ayer jugó Venezuela contra México y mi hermana, que lleva años viviendo en México, tenía el corazón pintado de Vinotinto.
Ver un rato el juego en la televisión me ayudó a reflexionar y a sentir esa conexión que se vive en el estadio. Era como si todos estuviéramos en el mismo lugar, compartiendo la misma alegría y la misma esperanza.
Y esa esperanza es lo que más me impresionó. A pesar de que la Vinotinto no ha tenido los mejores resultados en los últimos años, la gente sigue creyendo en ella. Siguen soñando con verla triunfar en un gran torneo.
Todo me hizo pensar que: la pasión nos une y la esperanza nos impulsa. Estas son las fuerzas que mueven al mundo, que nos motivan a seguir adelante a pesar de las dificultades.
En el partido de la Vinotinto contra México, pudimos ver un reflejo de estas fuerzas en acción.
Y justo así es la vida, una historia de esfuerzo, constancia y fe. ¡Qué diferente sería todo si así como vivimos los juegos de la Vinotinto también jugáramos los partidos de la vida! Es decir, equivocarnos y levantarnos con esa pasión y esperanza por esos objetivos que queremos alcanzar, que aunque vemos difíciles de realizar, sí podemos alcanzar. Seguramente tienes una gran barra y aún no lo notas. ¡Vamos que si puedes!
El fútbol, al igual que la vida, nos enseña que la unión hace la fuerza. Que la esperanza y la fe son esenciales para alcanzar nuestros sueños. Y que el esfuerzo y la constancia son las claves para superar cualquier obstáculo.
Será que apartir de hoy me obligo y te invito a animarnos a jugar el partido de la vida con la misma pasión y entrega que la Vinotinto ayer. ¿Te anotas amigo? ¡Yo sí!
Soy honesta, siempre he sido un poco negativa con respecto a la clasificación. Pero hoy en día decido contagiarme de esa fe. ¡Yo creo que lo van a lograr! Porque tienen la pasión, el talento y el corazón para hacerlo.
¡Arriba la Vinotinto!
Atte: una ex panchera. Jajaja