Como venezolana, respirar profundo y confiar se ha convertido en mi mantra personal estos últimos años. Vivimos en un país donde la confianza se ha vuelto un bien escaso, un lujo que pocos pueden darse. Hemos visto promesas rotas, ideales traicionados y esperanzas desvanecerse como el rocío al amanecer. Sin embargo, a pesar de todo, seguimos levantando la cabeza y buscando algo en lo que creer. Hoy, deposito mi confianza en dos personas que prometen al pueblo vivir en libertad, pero si soy honesta, oro para que esa confianza no sea traicionada.
En medio de este vaivén de información sobre el acontecer nacional, he notado que la confianza es como un músculo: se fortalece con el uso y se debilita con la desilusión. En Venezuela, hemos ejercitado este músculo hasta el cansancio. Hemos confiado en líderes, en instituciones, en promesas de un futuro mejor. Y muchas veces, nos hemos llevado una gran decepción. Pero, ¿qué otra opción tenemos? Rendirnos no es una opción.
Confiar en alguien es entregarle una parte de nuestro corazón, de nuestra alma. Es creer en su capacidad para hacer lo correcto, incluso cuando todas las evidencias apuntan en otra dirección. Es un acto de fe, un salto al vacío con la esperanza de encontrar un suelo firme del otro lado.
En estos tiempos de incertidumbre, la confianza es más importante que nunca. Es lo que nos permite seguir adelante, a pesar de las dificultades. Es lo que nos une como sociedad, lo que nos da fuerza para enfrentar los desafíos que se nos presentan.
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Pero, ¿cómo podemos confiar en un mundo tan lleno de traiciones? ¿Cómo podemos evitar que nos rompan el corazón una y otra vez? La respuesta no es sencilla, pero creo que podemos empezar por confiar en nosotros mismos. Confiar en nuestras propias capacidades, en nuestra intuición, en nuestro valor. Creer que somos capaces de lograr grandes cosas, incluso cuando las circunstancias parecen adversas. Al confiar en nosotros mismos, estamos dando el primer paso para construir un mundo más justo y equitativo.
Además, debemos ser selectivos a la hora de depositar nuestra confianza. No podemos confiar en cualquiera. Debemos elegir a aquellas personas que han demostrado ser dignas de nuestra confianza, que comparten nuestros valores y que trabajan por el bien común.
La confianza es un regalo precioso que no debe darse a la ligera. Pero tampoco debemos negarla por miedo a ser heridos. La vida es demasiado corta para vivir con miedo.
En Venezuela, hemos aprendido que la confianza es un acto de fe. Es una forma de resistencia pacífica, una manera de construir un futuro mejor para todos. No hay de otra.
En cuanto al amor y la confianza, todo va a depender de la profundidad de nuestro amor y nuestra capacidad de entrega. Hay quienes aman y no confían, y otros como yo que, al amar, confiamos plenamente. Me entrego en alma y corazón, y espero en la mirada de quien amo recibir esa misma confianza. Es como saltar al vacío con los ojos cerrados, esperando que las manos que te reciben sean fuertes y seguras. Y aunque a veces el miedo nos invada, el amor nos impulsa a seguir adelante, a creer que todo estará bien. Confiar en el amor es como creer en la magia, en la posibilidad de que algo tan hermoso como el amor pueda existir en un mundo tan lleno de incertidumbres.
La confianza y el amor van de la mano, son como dos caras de la misma moneda. No podemos tener uno sin el otro. Cuando amamos a alguien, confiamos en que esa persona hará todo lo posible por cuidarnos y protegernos. Y cuando confiamos en alguien, es más fácil amarla con todo nuestro ser. Es un círculo virtuoso que se alimenta a sí mismo. Pero también es un equilibrio delicado que puede romperse si no se cuida.
Antes de poder confiar en los demás, tenemos que aprender a confiar en nosotros mismos. El amor propio es como un faro que nos guía en la oscuridad. Cuando nos queremos y nos valoramos, somos capaces de superar cualquier obstáculo. Es como construir una casa: primero se levantan los cimientos, y esos cimientos son nuestro amor propio. Al amarnos a nosotros mismos, estamos diciendo al mundo: "Soy valios@, soy capaz y merezco lo mejor".
La confianza en nosotros mismos nos ayuda a enfrentar nuestros propios miedos y superar nuestros desafíos, ayudándonos a ganar más confianza. Es importante celebrar nuestros logros, por pequeños que sean. Cada pequeña victoria nos acerca un poco más a la persona que queremos ser. Y cuando creemos en nosotros mismos, el mundo entero parece creer en nosotros también.
Así que, la próxima vez que sientas que la confianza te falla, recuerda que eres más fuerte de lo que crees. Respira profundo, levanta la cabeza y sigue adelante. El mundo necesita tu confianza. Los Venezolanos necesitamos confiar hasta el final.
Bye
Bye.