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Todos hemos pasado por eso. Ese momento en el que sientes que tu cuerpo toma el control y te arrastra como un barco a la deriva. Un segundo estás tranquilo, y al siguiente, BAM, estás en medio de una tormenta emocional. Es como si tuvieras un pequeño monstruo interno que de vez en cuando despierta y arma un verdadero caos. O en otros casos es como un ser irracional y emocional que cuando despierta hace eso que quería, eso que deseaba y ya. Y cuando vuelves a ti hay dos opciones: 1. Te arrepientes de todo lo que hiciste o 2. Das gracias a eso en lo que creas por eso que sucedió. Y allí notas algo, que a veces, ese monstruo no es tan malo. Es como una parte de ti que anhela algo diferente, algo prohibido, algo que te hace sentir vivo.
¿Somos buenos o malos? ¿Ángeles o demonios? La verdad es que somos un poco de todo. Tenemos ese lado racional, que nos permite analizar situaciones, pensar en las consecuencias y tomar decisiones inteligentes. Pero también tenemos ese lado impulsivo, que nos lleva a dejarnos llevar por el momento, sin pensar en las consecuencias. Y es en ese equilibrio entre ambos lados donde reside nuestra humanidad.
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Imagina tu mente como una arena de lucha libre. Por un lado, tienes a tu yo racional, tranquilo y sensato, como un luchador experimentado. Por el otro lado, tienes a tus impulsos, salvajes y descontrolados, como un novato lleno de energía. La clave está en encontrar un buen entrenador, alguien que te ayude a dominar tus fuerzas y a usarlas a tu favor.
¿Y qué pasa cuando el luchador impulsivo gana la pelea? Pues que terminamos haciendo cosas que no teníamos planeadas. Pero hey, ¡somos humanos! Parte de la vida está en vivir también nuestras emociones, ¿no? Lo importante es aprender de esos momentos, si son errores, levantarte y seguir adelante y si los disfrutaste, ¿volver a caer? jajaja. Porque la vida es como una montaña rusa: tiene sus subidas y bajadas, sus curvas cerradas y sus rectas interminables. Al final la vida se trata de vivir, haz eso que te plazca¿Y qué pasa cuando el luchador impulsivo gana la pelea? Pues que terminamos haciendo cosas que no teníamos planeadas. Pero hey, ¡somos humanos! Parte de la vida está en vivir también nuestras emociones, ¿no? Lo importante es aprender de esos momentos, si son errores, levantarte y seguir adelante y si los disfrutaste, ¿volver a caer? jajaja. Porque la vida es como una montaña rusa: tiene sus subidas y bajadas, sus curvas cerradas y sus rectas interminables. Al final la vida se trata de vivir, haz eso que te plazca.
Pero, ¿qué pasa si eso en lo que caímos es algo que está mal?
Primero que nada debes saber que la autocompasión es clave en este proceso. Dejar de darnos golpes de pecho es lo primero. Recordar que nadie es perfecto. Aceptar que todos tenemos nuestros momentos de debilidad y que eso no nos hace menos valiosos. Al contrario, nos hace más humanos, más reales.
Cuando caemos, es fácil sentirte avergonzado o inadecuado. Pero recuerda, todos nos caemos en algún momento. La autoaceptación te permite levantarte con más facilidad, sin cargar con el peso de la culpa. Es como tener un colchón suave que amortigua el golpe.
Al final, ¿de qué sirve darte golpes de pecho?
Cada caída es una oportunidad para aprender y crecer. Es como si la vida te estuviera diciendo: "Hey, presta atención, aquí hay algo que necesitas aprender". Y al superar esas dificultades, te vuelves más fuerte y más resistente. Es como construir un músculo: cuanto más lo ejercitas, más fuerte se vuelve. Eso sí mosca, pila, pendiente, no tropieces más de dos veces con la misma piedra, si tropiezas más de dos es que definitivamente te gusta la piedra jaja.
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Después de una caída, es fácil caer en pensamientos negativos. Pero recuerda, tú tienes el poder de cambiar esos pensamientos. Si te enfocas en lo positivo (yo puedo, yo creo en mí, puedo cambiar mi realidad, etc.), puedes aprender de la experiencia, te será mucho más fácil levantarte. Es como cambiar el canal de la televisión: si no te gusta lo que estás viendo, simplemente cambia de canal.
La felicidad no se encuentra en la ausencia de problemas, sino en nuestra capacidad de encontrar alegría incluso en los momentos más difíciles. Después de una caída, puedes encontrar felicidad en las pequeñas cosas, como una sonrisa de un amigo, un rayo de sol o una taza de té caliente. Es como descubrir un tesoro escondido en medio de las ruinas.
La idea es que, sin importar lo que te suceda, siempre tienes el poder de elegir cómo reaccionas y cómo te sientes al respecto.
Y si te equivocas, no te preocupes. Eres parte de un club muy exclusivo: el club de los humanos imperfectos. Celebremos nuestra humanidad, con todas sus luces y sombras.
Así que la próxima vez que sientas que ese monstruo interno está a punto de despertar, respira profundo. Recuerda que tienes las herramientas para controlarlo. Puedes elegir dejarte llevar por la corriente o nadar contra ella. Tú decides si esa toma de control te complace o simplemente la aborreces.
Bye