No sé si he escrito antes sobre este asunto. Pero, ayer sábado 29 estuve muchas horas de mi día en un tanatorio o funeraria como se le conoce acá en mí país. Lo que ocurre es que el viernes en la noche, mientras veía el partido de futbol (Brasil-Paraguay) de la Copa América, mi mamá recibe una llamada. De esas llamadas que no son demasiado agradables. Una tía llamaba para avisar que mi abuelo por parte de mí papá acababa de fallecer.
Para hacer el cuento breve, hace unos días se sometió a una operación, parecía estar todo bien luego de un par de días en tratamiento y el viernes por la mañana fue dado de alta, pero, había algo que no estaba del todo bien, pues al parecer sufrió un paro respiratorio o quizá un infarto, realmente no lo sé, lo cierto que al trasladarlo de nuevo al hospital, había llegado sin signos vitales.
El sábado a horas de medio día el cuerpo fue llevado a la funeraria y estuve toda la tarde acompañando a mis familiares. Y como siempre lo ando sobre pensando, me ha sido inevitable reflexionar un poco.
Aunque nunca me acerqué al ataúd, debido a que deseo no recodar la imagen de mi abuelo ahí, prefiero recordarlo como vivió y aunque realmente nunca fui demasiado cercano a él, era mi abuelo, el papá de mi papá y sé que son momentos sensibles. Así que me quedé afuera, y estuve ahí, acompañando de alguna manera.
Saludé a mis tías y tíos y a los primos que fueron, a unos no los veía desde hace muchos años, a otros no los veía desde el año pasado cuando murió mi abuela. En fin, estuve mirando a las personas entrar y salir, y a la vez pensando en la muerte, recordando las palabras de Heidegger: "La muerte es la posibilidad que imposibilita a las demás posibilidades" y asumiendo la vida como una condición de posibilidad de posibilidades, la muerte irrumpe de manera abrupta en el proyecto que somos o pretendemos ser.
Siempre he sido un poco frío cuando de pensar en la muerte se trata, creo que la filosofía ha cumplido un poco de su propósito en mí, ser una preparación para la muerte y entiendo a la muerte como un suceso ineludible e inevitable. Aunque, no es que esté demasiado lejos, creo que en estricto sentido todos estamos muriendo, y pensarlo me hace reflexionar sobre la vida y lo que implica vivir una vida autentica.
No se trata de ignorar el hecho de que vamos a morir y vivir la vida pensando que jamás llegará, sino, vivir la vida entendiendo que la muerte no es algo que llegará, es que realmente no se aparta nunca de nosotros. Es entender que forma parte de lo que somos, y debemos vivir la vida al máximo, con intensidad porque nunca sabemos cuando llegará la muerte a reclamar tributo.
No me quiero meter en aspectos metafísicos o religiosos, entiendo que toda persona puede o no tener una fe, una creencia, y que al fin y al cabo, se trata de entender a la muerte como lo que hace que la vida sea vida.
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