Aunque es un tema del que no disfruto hablar, decidí participar en la iniciativa Ser Humano, Ser Migrante, de la bonita comunidad de Humanitas, lo que me hizo decidirme a participar, es el hecho de que la migración es algo con lo que se me dificulta encontrar un punto de equilibrio para un diálogo, es un tema sobre el que tengo una opinión personal tajante y del que me encuentro en una postura inamovible, por ende, tener la oportunidad de plasmar esta visión, me ayudará a explicarlo mejor, la próxima vez que alguien toque el tema.
Lo que voy a plasmar en este post, es una opinión personal, basada en mi experiencia, creencias y perspectiva, no es tu obligación como lector entenderlo y mucho menos estar de acuerdo con lo que vas a leer, pero como todo en esta vida tienes dos opciones simples, intentar entender que existe una visión diferente y opinar desde el respeto, o marcharte cuando prefieras evitar una discusión sin beneficio, más debate y menos combate.
Mi nombre es Joseph y soy un apátrida, aunque nací y me crie en Petare - Venezuela, algo de lo que no reniego, sigo en trámites para rescindir de mi nacionalidad Venezolana y para ello necesito obtener primero la Ecuatoriana, pues es complejo legalmente habitar este mundo siendo legalmente un apátrida. No soy ni de aquí ni de allá, no siento ese amor pasional por ningún país, el nacionalismo lo aborrezco y ese niño que celebraba los triunfos de Venezuela hasta hace años, murió en 2017 de una forma tan dolorosa que me duele incluso escribir sobre ello.
Dejar Venezuela no fue nada complicado para mí, dejar Venezuela, mi estabilidad económica, mis amigos y mis lujos, no fue para nada complicado, lo más complicado de dejar Venezuela fue la forma en la que salí de ese país, y es que yo salí de Venezuela derrotado, aceptando que me venció un gobierno espurio, que no logre soportar a una sociedad apática y que no existían las condiciones para seguir viviendo en ese país de una forma en la que no resultase destructiva.
Cada vez que alguien me pregunta cuando voy a volver, o si no tengo intenciones de volver, mi respuesta es tan tajante como sincera, si por mí fuese volvería después de que a Venezuela le caiga una bomba como la de Hiroshima, acaben con toda la estructura social del país y entonces todos los posibles sobrevivientes se vean obligados a reestructurar la forma en la que hacen las cosas, como en su momento hizo Japón, o en resumen el día que caiga una bomba y de Venezuela solo quede un lienzo en blanco.
Mucha gente se enfada cuando digo que Venezuela me importa poco y nada, cuando digo que la única solución viable que veo a la crisis de ese país es que desaparezca, y cuando le digo que no pienso volver a Venezuela y que prefiero hacerme matar antes que pisar nuevamente esas tierras. Pero esta opinión que entiendo es radical, parte de que yo salí un 8 de diciembre de Venezuela, y tuve la oportunidad de salir con mi Padre, mientras en Ecuador ya me esperaban mi Madre y mi Hermana, entonces me di cuenta de que soy de mi núcleo familiar, que mi familia es mi patria y que Venezuela no hizo más que consumirme sin aportarme.
No entraré en temas políticos, pero sumado a ver amigos morir, tragar gas lacrimógeno casi a diario por dos meses, tener que recorrer hasta 13 farmacias en un día buscando medicinas para mis papás, querer cocinar algo y tener que buscar los ingredientes en 4 supermercados, o tener que esconder el pan como si de tráfico de droga se tratase, para que la gente no te mirase mal, fueron parte de las razones para sentir que ese país era un conglomerado de basura dividido en población, gobierno y territorio; No les puedo explicar lo violento de ver personas comer en la calle, de partirle la cara a un motorizado por robar a una persona, de escuchar disparos a las 2 de la tarde y enterarte luego que mataron a un conocido, de tener que encerrarte en casa luego de las 4 de la tarde, de que tus papás te paguen guardaespaldas, de que el gobierno te acose estando en la universidad, de tener racionamiento de servicios básicos, de que para hacer cualquier trámite cotidiano, debas pagarle a alguien que conoce a alguien.
Quizás en Venezuela la situación hoy sea distinta a 2017, la verdad no lo sé y no me importa, yo recuerdo y sé exactamente lo que viví, del mismo modo que recuerdo estar ilusionado con mi universidad, con mi pareja, con mi trabajo y entender exactamente lo que mis papás querían decir cuando nos informaron, que dejaríamos Venezuela y aunque a mucha gente le dijimos que eran vacaciones o solo por un tiempo, yo sabía que jamás iba a volver.
Aunque mi situación al llegar a Ecuador estaba lejos de ser cómoda o siquiera parecida a mi situación en Caracas, pasando a dormir en una habitación única con toda mi familia, trabajando de lo que fuese, sin horario y comiendo arroz con huevo, y pan con gaseosa, lo que había perdido en lujos y comodidades, lo gané en algo que cambio mi forma de ver la vida. Mi primer día en Ecuador, mi madre me llevo de paseo a un supermercado, donde todo tenía ofertas, habían diez o más marcas por producto, los pasillos estaban llenos y viniendo de una Caracas conflictiva, no pude contenerme y me largue a llorar como tenía años sin hacerlo, no por emoción, sino por la ira que me generó saber que no pude ver eso nuevamente en Venezuela.
Tras semanas en Ecuador, haber renunciado a mi primer trabajo por malos tratos, enfrentarme a la xenofobia, acostumbrarme a que podía caminar sin sentir miedo a la delincuencia, disfrutar de una navidad humilde, pero junto a mi familia, un día como cualquier otro, me desmayé mientras trabajaba y me partí la frente con un inodoro, y aunque ya hable de esto en otras ocasiones aquí en Hive, aun recuerdo lo triste que me hizo sentir lo bien que me trataron en todo momento en el hospital.
Y aunque mi vida sigue lejos de estar en ese estatus que tenía cuando vivía en Caras, hoy no me da miedo que mi hermana a sus 21 años salga a beber con sus amigos y vuelva de madrugada a casa, disfruto caminar por Quito a cualquier hora, mis papás ambos tienen medicina gratuita y están bajo tratamiento, incluso yo ahora estoy tomando medicamento para la presión arterial, el mismo que pasaba semanas buscándole a mi mamá en Caracas; Y como digo, si bien estoy lejos de estar cómodo, Ecuador me brinda esa oportunidad para estarlo a futuro, me brinda esa esperanza que Venezuela me quitó.
Hasta este punto, digamos que solo he dado contexto de mi experiencia personal como migrante, y es que para entender lo que pienso de la migración un poco de contexto aporta mucho; Al desamparo de estar en un lugar que no conoces, con nombres que no te suenan y saber que estás lejos de aquello que te hacía sentir seguro y cómodo, súmale uno de los mayores problema que afronta cualquier migrante y que aunque en Venezuela ocurre mucho, maquillábamos con una falsa amabilidad, la falta de respeto y la humillación que implica la xenofobia, un problema arraigado en muchas sociedades, que desde mi opinión no es más que un claro ejemplo de ignorancia, pero cuyos resultados lastiman la humanidad.
Como no me siento atado a Venezuela nunca me afectó que me hablaran mal de ese país o que me invitaran no cordialmente a regresarme, pero aprendí a las malas, lo mucho que puede lastimar a una persona cuando esta se siente desamparada, sentir también que no es apreciada en ese sitio que decidió habitar para estar bien y por momentos te sientes como ese perro abandonado, al que le tiran agua para que no se duerma en la entrada de un local y te comienzas a cuestionar si tomaste la decisión correcta al dejar aquel lugar que aunque no estuviese bien, era tuyo.
Con el paso del tiempo he tenido la oportunidad de experimentar lo que es ser migrante, y escuchar la infinita cantidad de historias de otros migrantes con los que me he cruzado, iraníes, cubanos, haitianos, venezolanos, italianos, portugueses, e incluso Ecuatorianos que volvieron a su tierra luego de 30 años fuera, y algo que coincide en la mayoría de las historias es esta nostalgia permanente, pareciese que si en algo coinciden todas las historias es que la cantidad de esfuerzo que aplicas, las oportunidades que consigues y lo diferente que sea el nuevo sitio, es proporcional a la nostalgia que atravesaras al recordar lo que fue, algo que deriva en que muchos tengan esa esperanza de retornar a sus países, otros tantos deseen replicar su cultura y sus tradiciones donde se encuentran, y otros terminan apreciando más su pasado, abrazando esa nostalgia.
Tras muchas discusiones, malos tratos, debates e incluso amistades perdidas, personas que me criticaron por marcharme, personas que me criticaron por no volver, personas que dicen extrañarme y no tienen idea de quien soy hoy, logre comprender que ser migrante va más allá de dejar un país para vivir en otro, y se puede resumir brevemente en aquella persona que se mueve.
Si te mueves estás vivo, me dijo alguien una vez, y esta frase me ayudo a comprender que migrar es para mí continuar con vida, eso significo dejar Venezuela, que mi situación este mejor o peor es compararme con un pasado, más la verdadera comparación tendría que hacerse con un posible presente, ¿Cuál sería mi calidad de vida actual? ¿Seguiría vivo?, la respuesta a esto y siendo sincero, es que no creo que siguiendo en Venezuela hubiese durado mucho tiempo más, y el migrar más que perder cosas, fue pagar para comprarme una nueva vida, nuevas oportunidades y un nuevo libro para escribir mi historia.
Ser migrante te cambia la vida, para bien o para mal, creo que eso depende de la percepción y experiencia de cada individuo, aunque en este mundo se cuentan por miles de millones los migrantes, son miles de millones de historias diferentes, de vivencias distintas, de humanos siendo humanos en cualquier lugar del mundo.
Aunque ahora en las últimas décadas la migración parezca estar de moda, es algo que acompaña a la humanidad desde sus inicios, desde que el primer hombre dejo su cueva por encontrar un sitio mejor para sobrevivir al invierno, desde la expansión de territorio de los grandes imperios, desde la colonización del continente americano, pasando incluso por ser una de las mayores consecuencias de la primera y la segunda guerra mundial, hasta la actualidad, donde no es raro ver que la gente se mueve y se sigue moviendo en búsqueda de un espacio que le permita sentirse mejor, un lugar donde estar vivo.
Aunque me gusta el sitio donde estoy, no creo estar preparado para echar raíces, no me preocupa tener que moverme mañana a otro lugar, lo que si tengo seguro es a qué lugares no pienso ir y mucho menos volver.
La canción del video que está al inicio de este Post, es una canción dedicada a muchos migrantes por una banda de la que soy fanático desde sus inicios, algunos lloran y otros sonríen al escucharla, yo la disfruto mientras sigo adelante en este proceso, que aunque lleva 5 años aun se siente como si hubiese cruzado esa frontera con Colombia el día de ayer.
! [Descargo de responsabilidad]
Las imágenes fueron editadas por mi persona en Adobe Photoshop, a continuación podrán encontrar las fuentes de donde obtuve algunas de las imágenes utilizadas:
1 Maleta 2 Maleta y pasaporte 3 Quito - Ecuador 4 Aves Migrando 5 Equipaje 🚶🏽♂️