Mi afición al café no para ni siquiera en la época de verano, cuando el calor se afinca al extemo de no provocar querer estar fuera de casa o de una piscina, pero en estas oportunidades, decanto por la versión fría de esta bebida que para mi trae no solo sensaciones al paladar sino gratos recuerdos.
Hace ya un par de años, mientras deambulaba por las calles cercanas a la estación Remedios de Escalada en la provincia de Buenos Aires, encontré esta hermosa cafetería llamada Savory, que es además una inmensa heladería en medio de una zona urbanística, así que viene a ser como un oasis para todos los vecinos y transeúntes que buscan aplacar el calor de estos días.
Esa fue la motivación que tuve al entrar, solo que casi llegando a la caja, vi que al fondo estaba una pequeña zona dedicada a ser cafetería, lejos del gran espacio donde las familias se sentaban con sus niños a disfrutar de un postre frío.
Recuerdo que bebía fascinada mi capuchino, primero disfrutando cada capa de color y de sabor, para luego mezclarlo todo y terminarlo en sorbos minúsculos, que buscaban perpetuar la experiencia. Ahora, mientras veo las fotos, dudo saber las coordenadas exactas para regresar al sitio, pero me quedo con las sensaciones de entonces y las que me produce volver a ver estas fotos olvidadas en mi galería.
My love for coffee doesn’t even wane during the summer, when the heat becomes so intense that it makes you want to stay indoors or by the pool—but on those occasions, I opt for the iced version of this drink, which brings me not only a treat for the palate but also fond memories.
A couple of years ago, while wandering the streets near the Remedios de Escalada station in the province of Buenos Aires, I came across this beautiful café called Savory, which is also a huge ice cream shop in the middle of an urban area, making it something of an oasis for all the locals and passersby looking to beat the heat.
That was my motivation for going in, but just as I was reaching the counter, I saw that at the back there was a small area set aside as a café, away from the large space where families sat with their children to enjoy a cold dessert.
I remember drinking my cappuccino with fascination, first savoring each layer of color and flavor, then mixing it all together and finishing it in tiny sips, as if to prolong the experience. Now, as I look at the photos, I’m not sure of the exact coordinates to return to the place, but I’m left with the feelings from back then and those stirred up by seeing these forgotten photos in my gallery again.
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