Siguen las excelentes invitaciones a participar aquí en HIVE. En esta oportunidad el amigo ha propuesto que hagamos nuestra presentación en las diferentes comunidades nacionales que hacen vida en el ecosistema, una manera de conocernos más y de fortalecer las relaciones entre los hivers.
El llamado ha sido respondido por #nigeria, #filipino, #mexico, #india, #pakistan, entre otras comunidades.
La naciente comunidad se ha sumado a la iniciativa y nos ha extendido la invitación a todos los venezolanos. Acá dejo la mía.
Como muchos de mi generación nací en Caracas pero mis padres son del interior. Ambos, el viejo y la vieja, llegaron a la ciudad capital cuando apenas eran unos adolescentes. Él, de Capacho, estado Táchira, y ella, desde la soleada Carora, en el estado Lara. En Caracas unieron sus vidas y formaron una familia, de la que yo soy el hijo mayor.
Los viejos nunca abandonaron el amor por su terruño, siempre estuvieron pendientes de los suyos en las tierras que habían dejado atràs, que por aquel entonces resultaban lejanas, no existían ni los celulares ni el internet. El contacto con los parientes se mantenía por dos vías: por un telegrama que siempre anunciaba algún desastre o por la visita en la época de vacaciones. Por ese motivo desde muy pequeño comencé a rodar por el país. Me recuerdo todo el tiempo viajando, en autobús o carro particular, por aquellas solitarias carreteras para ir a visitar la familia.
En esos viajes aprendí a conocer el país, sus costumbres, sus olores, sus sabores…; el paisaje y la generosidad de su gente. Toda esa gama de vivencias moldeó decididamente mi amor por esta nación. Luego, de hombre, la vida me dio la oportunidad de seguirlo conociendo. He tenido la dicha de viajar junto a los míos por toda la geografía nacional, esa es sin duda, la mejor manera de enseñar a los hijos a querer el país donde nacieron.
Desde hace más de cuarenta años fui adoptado por la ciudad de Maracay, allí hice mi carrera como profesor de ciencias sociales y filosofía, actualmente en condición de jubilado. También en esta bella “Ciudad Jardín” encontré las condiciones para criar a mi familia, la que en la actualidad, por las terribles condiciones que tenemos, se encuentra dispersa por el mundo. Ahora veo a mis hijos y mis nietas por Whatsapp.
Todos mis recuerdos y vivencias han logrado que esta patria se haya quedado grabada a fuego en mi retina, mi corazón y mis sentimientos.
Cómo olvidar atardeceres tan bellos como los de Barquisimeto o Pampatar, o la inexplicable fuerza de la naturaleza que se siente ante la presencia del Relámpago del Catatumbo, o el extraño magnetismo que acompaña la vida en la Gran Sabana.
Cada contraste de nuestro país conmueve la sensibilidad, nadie queda impávido ante el espectáculo de la vista infinita que ofrecen nuestros llanos, o ante las rupturas violentas de las montañas andinas, o ante la gran gama de azules y verdes de nuestro extenso Mar Caribe.
Ninguna piel es la misma después de haber sentido la tibieza de la playa del Yaque o de haber dejado rodar por los dedos los minúsculos granos de la milenaria arena de los Médanos de Coro…
Muchas veces me valgo de un pequeño truco para evocar de nuevo esas vivencias, echo mano de mi archivo de fotos donde están grabados parte de esos recorridos, así logro sortear también los vacíos de la memoria. Una pequeña muestra de ese extenso archivo la comparto con ustedes.
Gracias por su tiempo.