Me encuentro sentado en mi escritorio, contemplando mi alrededor, entre tanta novedad y notificación, al ritmo de la saturación mental exclamo:
-¡Estoy harto, quiero un descanso!
A medio cerrar los ojos del cansancio, todo esto.
La lluvia cae y el sistema, tan débil, falla. La luz se va. Pero tan... contradictorio, exclamo:
-¡Que fastidio, ya no hay luz!
No me queda de otra, sin mas nada que hacer. Me pongo a divagar refunfuñando a la espera de la luz.
Y por supuesto, la luz llega:
-¡Que bueno es tener luz!