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Siempre se ha dicho que en Venezuela eso del racismo no existe, que esas cosas son de "gringos", que este es el reino de los mestizos y si vernos el pasado de cualquier catire se hallará seguramente algún familiar transportado en barco desde el continente africano en su árbol genealógico.
Pero que algo se oculte o se niegue no quiere decir que no existe y en el caso venezolano el racismo ha estado latente en la sociedad desde siempre, aunque en los últimos tiempos manifestado de forma sutil en la vida cotidiana. Desde mi punto de vista una de las formas de racismo más arraigaida en el país tiene que ver con el cabello, es decir, con el hecho de considerar a la cabellera rizada como fea o mala mientras que la lacia es el arquetipo ideal a seguir.
De niño recuerdo especialmente las mañanas antes de ir a la escuela el momento en que mi madre me peinaba, decía que le gustaba mi cabello porque era liso, otra cosa sucedía con mis hermanas, eso era una guerra sin cuartel por alisar el agreste pelo que la genética les otorgó. Ella pasaba horas alisando ambas melenas porque tenían que llegar a clases bien arregladas, por lo que esas "greñas" sueltas no eran una opción aceptable para salir de casa.
Por esa causa mis hermanas fueron creciendo odiando su cabellera, acusaban a mi padre, un moreno de Caripito, de ser el culpable de esta desgracia genética mientras envidiaban mi suerte por heredar el hermoso cabello liso de mi rubia y andina madre. La verdad no entendía eso, a mi me parecía muy hemosa la voluminosa cabellera de mis hermanas por lo que no entendía tal esfuerzo por ocultar algo tan llamativo. Desde que las conozco gastan casi todo sus ingresos para comprar productos para alisar el cabello desde desrizadores, rollos, baños de crema hasta planchas para dejar tieso los pelos mientras se lo queman.
La sociedad te invita a maltratarte de esa forma para lograr objetivos. Laboralmente la frase " buena presencia" implica también el lucir una cabellera lisa y sí, es un privilegio natural de las personas predominantemente caucásicas. La misma televisión te invita, más bien te induce, a someter tu cuerpo a esta transformación para seguir patrones creados por algunos que consideran sus estilos como los acertados (generalmente los mismos de la cultura occidental).
Parece mentira pero la decisión más difícil de una mujer afrodescendiente en Venezuela es si seguir sometiendo su cabello a la tortura de los patrones soiales o asumir la libertad de empoderarse a sí misma dejando sus afros a la vista del mundo. Aunque parezca una tontería no es una decisión fácil,
son siglos de sometimientos a cánones impuestos, a escuchar desde bebé que sacó el "pelo es malo", a observar que ninguna Miss Venezuela tiene rizos, que en su trabajo llevar la melena en afro implica ser mal vista por los jefes e incluso la diferencia entre ser atractiva o no para el sexo opuesto.
Curiosamente mis hermanas tuvieron que salir al extranjero para darse cuenta de la diferencia entre seguir sometidas y ser libres. En Europa asumieron su cabello como es, dejaron de alizarlo y en la medida que causaban furor porque los demás envidian la melena que su herencia africana otorgó al mismo tiempo se asumieron como mujeres poderosas sin necesidad de seguir patrones que no corresponden a su naturaleza. Al final el "pelo malo" es el mio ya que poco a poco me abandona para no volver.