Hola a todos en la comunidad de Hive🫂✨💞. Hoy paso por aquí con el corazón todavía acelerado y una sonrisa que no me cabe en la cara porque hace apenas una semana viví uno de esos momentos que te marcan para siempre. A mis 24 años, después de haber pasado doce semestres pegada a los libros, trasnochada y con el café como mejor amigo, finalmente llegó el día que tanto soñé desde que entré a la universidad. Fue el acto de imposición de chaquetas, ese evento simbólico que nos dice que ya no somos solo estudiantes de aula, sino que ahora nos toca enfrentar el mundo real como internas de pregrado en nuestro último año de medicina.
La cita fue en Marea Club de Playa, aquí en Lechería, y no pudo haber un lugar más brutal para celebrar este paso. El sol de las tres de la tarde estaba en su punto, pero la brisa del mar ayudaba a calmar un poco los nervios que cargábamos todos. Ver ese contraste del azul del agua con el blanco impecable de nuestras chaquetas nuevas era algo que me hacía sentir en una película. Aunque uno sabe que la carrera es larga y difícil, en ese instante frente al mar todo el esfuerzo de estos años pareció valer la pena totalmente.
El acto protocolar empezó puntual y fue algo muy emocionante. Estar allí con mis compañeros, con quienes he compartido guardias, exámenes finales y crisis de llanto por alguna materia difícil, fue super especial. Cuando mencionaron mi nombre y me pusieron la chaqueta, sentí un peso distinto en los hombros, un peso sabroso que viene cargado de responsabilidad y de compromiso con la gente que vamos a atender en el hospital. Es una mezcla de orgullo con un poquito de susto, porque sabemos que el año que viene como internas va a ser fuerte, pero la satisfacción de estar ahí es algo que no puedo explicar de forma sencilla.
Después de que terminaron las fotos oficiales con los profesores y los discursos que nos pusieron a reflexionar sobre la ética y el servicio, la cosa se relajó bastante. La formalidad del protocolo le dio paso a la alegría pura y así fue como nos quedamos en el after celebrando hasta que el cuerpo aguantó. Fue el momento perfecto para soltar todo el estrés acumulado de los últimos meses, especialmente después de haber cerrado el semestre con Otorrino y de tantas horas invertidas en la tesis. Entre risas, buena música y cuentos con mis panas, me di cuenta de lo afortunada que soy por haber llegado hasta este punto con gente tan valiosa a mi lado.
Lo que más me gustó del evento fue ver la cara de orgullo de mi familia y amigos. Ellos son los que ven el detrás de cámaras, los que me han aguantado los días de mal humor por falta de sueño y los que siempre creyeron que podía con esto. Verlos ahí, celebrando mi logro como si fuera de ellos, me recordó que nadie llega solo a la meta. Ese traje blanco que ahora voy a usar todos los días en el hospital lleva un pedacito del apoyo de cada una de las personas que quiero.
Ahora que ha pasado una semana y las emociones se han asentado un poco, miro mi chaqueta colgada y me siento lista para lo que viene. Sé que me esperan guardias largas, casos complicados y mucho aprendizaje en el Hospital Razetti, pero este evento en Marea me recargó las pilas de una manera increíble. Es el cierre de una etapa académica y el inicio de la vida clínica de verdad, donde los pacientes confían en nosotros y donde cada decisión cuenta. Me siento feliz de ser una joven venezolana que sigue apostando por su país y por esta profesión tan noble a pesar de los retos que todos conocemos.
Espero que este relato les sirva de inspiración a quienes están estudiando algo difícil o sienten que la meta está muy lejos. A veces el camino se pone cuesta arriba y uno siente que no va a terminar nunca, pero los momentos como el de mi entrega de chaquetas llegan para recordarnos que la constancia siempre tiene su recompensa.
Gracias por dejarme compartir este pedacito de mi felicidad con ustedes y por acompañarme en este viaje que ahora se pone mucho más interesante🪄✨