Hola a todos en la comunidad de Hive. Hoy paso por aquí para relatarles una escapada muy especial que tuve hace poco con mi familia. A veces, entre tantas responsabilidades en el hospital, las guardias y los estudios finales de medicina, uno necesita una tarde de sol y sal para recargar las baterías y despejar la mente. Esta vez el destino elegido fue Playa Guacarapo, un rincón del estado Sucre que siempre tiene una vibra muy particular y que me permitió desconectar por unas cuantas horas de la rutina académica.
No logramos salir tan temprano como hubiésemos querido porque mis tíos tenían compromisos laborales importantes y les tocó trabajar hasta mediodía. Finalmente logramos arrancar de Carúpano a eso de las dos de la tarde, lo que para algunos podría parecer tarde para un día de playa, pero nosotros estábamos decididos a aprovechar cada minuto. El trayecto duró aproximadamente una hora y media y nos tocó pasar por Cariaco. El camino se disfrutó muchísimo porque siempre hay algo que ver en la carretera y los cuentos entre nosotros nunca faltan, lo que hace que el tiempo pase volando a pesar del calor característico de nuestra zona.
Cuando por fin llegamos a Playa Guacarapo, nos encontramos con un panorama que nos quitó cualquier rastro de cansancio del viaje. El mar estaba sumamente tranquilo, casi como si fuera una piscina natural, lo cual es ideal para relajarse y simplemente flotar sin preocuparse por olas fuertes o corrientes. A pesar de que llegamos en la tarde, todavía había muchos bañistas disfrutando del agua y el ambiente estaba muy animado. Había mucha gente compartiendo en familia, lo que le daba al lugar una sensación de calidez y seguridad muy agradable.
Lo que más me llenó el corazón fue ver cómo disfrutaron todos, desde los adultos hasta los más jóvenes. Fue especialmente cómico ver al más pequeño del grupo totalmente entretenido en la orilla. En lugar de buscar juguetes convencionales, se puso a jugar con las algas que el mar traía de forma natural. Estaba encantado manipulándolas y creando sus propias historias en la arena, demostrándonos que la felicidad está en las cosas más simples y que no se necesita mucho para pasarla bien cuando se tiene imaginación. Verlo tan feliz con algo tan sencillo nos recordó a todos la importancia de disfrutar el presente sin tantas complicaciones.
Para mí este paseo fue fundamental para soltar un poco el estrés acumulado de las rotaciones clínicas y de todo el trabajo que implica estar cerrando mi último año de pregrado. Aproveché la luz de la tarde para tomarme algunas fotos con mi sombrero y mi traje de baño favorito, sintiéndome muy cómoda con los resultados que he visto en mi cuerpo gracias a la constancia con el ejercicio funcional que vengo realizando desde febrero. Esos momentos de sentirte bien contigo misma mientras compartes con la gente que amas son los que realmente le dan sentido al esfuerzo que hago a diario en mi carrera.
Al final de la tarde, cuando el sol empezó a bajar, nos preparamos para el regreso con una sensación de paz muy bonita.
Aunque fue una visita corta por haber salido tarde, valió totalmente la pena el recorrido desde Carúpano. Regresamos a casa con el corazón contento y la mente renovada, listos para enfrentar una nueva semana de retos en el hospital. Espero que este relato les recuerde que siempre es buen momento para buscar un espacio de recreación con la familia, sin importar la hora o los planes de trabajo previos. Gracias por leerme y por acompañarme en estos pedacitos de mi vida que comparto con tanto cariño por aquí.