Hola querida comunidad de Hive, quiero compartir con ustedes un poco de mi rutina diaria.
Cada semana, unas dos o tres veces, subo la Loma de la Cruz con mi mejor amiga. Es nuestra forma de liberar el estrés, ponernos en forma y compartir carcajadas sin culpa. Nos propusimos bajar de peso de una forma distinta, al aire libre, en contacto con la naturaleza. Mientras muchos prefieren correr en una caminadora dentro del gimnasio, a nosotras el verde, el viento y los escalones nos parecen más sanos… y sí, más divertidos.
Aunque tengo que confesar algo: ya tenemos la costumbre de, al llegar a la cima, tomarnos una cervecita. ¡Quién dijo que no se podía combinar el sacrificio con un premio sabroso! Es cardio con final feliz.
Una de esas tardes, mientras subía los más de 450 escalones de la Loma de la Cruz, me detuve sin poder evitarlo. El aliento se me iba, pero no solo por el ejercicio, sino por la impresionante vista panorámica. Holguín, mi ciudad, se extendía a mis pies como un cuadro en tonos de verde,oro y azul. Respiré profundo y me sentí orgullosa de vivir cerca de un lugar tan especial.
La Loma de la Cruz no es solo una elevación natural, es un símbolo cultural. Ubicada al norte de Holguín, a 261 metros sobre el nivel del mar, su nombre se debe a una cruz de madera colocada en 1790 por fray Francisco Antonio de Alegría. Lo hizo como protección espiritual ante desastres, pero hoy esa cruz es parte del alma holguinera.
Por décadas ha sido escenario de promesas, peregrinaciones, historias de amor, reencuentros y celebraciones. Subirla se ha vuelto un ritual para locales y visitantes, y aunque el ascenso exige esfuerzo, cada paso vale la pena por lo que ofrece: una recompensa visual y emocional.
Mientras observaba el horizonte, pensé en cómo *este lugar cautiva a todos": la ciudad extendida, el cielo encendido al atardecer. Todo parece diseñado para quedarse en la memoria… y en la cámara del teléfono.
Además de su belleza natural, la loma tiene espacios culturales, áreas de descanso, rincones tranquilos donde muchos leen, meditan o simplemente se conectan consigo mismos.
Cada vez que subo, la experiencia cambia: la luz, el clima, la gente, los sonidos… siempre hay algo nuevo que me enamora.
Hoy quise compartir esto no solo como bloguera, sino como una mujer que ama su ciudad, sus rincones y las historias que nos construyen. Si vienes a Holguín, no puedes dejar de subir la Loma de la Cruz. Y si ya eres de aquí, te invito a redescubrirla. A veces, la mejor manera de entender tu vida… es mirarla desde lo alto.