Ser terapeuta puede llegar a ser, en ocasiones, una profesión muy solitaria. Aunque ese espacio se constituye, principalmente, de una interacción, la escucha, la apertura, la comprensión genuina no fluye de manera bidireccional, de modo que gran parte de la experiencias internas del terapeuta son dejadas de lado, a través de un mecanismo que se conoce como disociación experimental. Solo así podemos atender plenamente a los problemas del otro, cuando los nuestros quedan, por momentos, completamente de lado.
Por eso, es importante y necesario que los terapeutas tengamos espacios de conexión, no solo con familiares o amigos, sino también con otros colegas, con los cuales podamos compartir cómo nos sentimos en nuestro ejercicio profesional, los retos que enfrentamos y cómo estos pueden afectar incluso nuestra vida personal, o viceversa.
Being a therapist can sometimes be a very lonely profession. Although this space is mainly constituted by interaction, listening, openness and genuine understanding do not flow in a bidirectional way, so that a large part of the therapist's internal experiences are left aside, through a mechanism known as experiential dissociation. Only in this way can we fully attend to the other's problems, when our own are, at times, completely left aside.
Therefore, it is important and necessary for therapists to have spaces for connection, not only with family or friends, but also with other colleagues, with whom we can share how we feel in our professional practice, the challenges we face and how these can affect even our personal life, or vice versa.
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