En estas tardes de invierno, cuando el frío arrecia y el temor a las enfermedades de la época es importante, no hay nada mejor que quedarse en casa (aquel que puede) y dedicarse a la lectura, a ver algún programa de interés en la TV o simplemente rememorar historias, si es de deportes, mejor porque luego las podemos compartir aquí, en el feed de .
En esos menesteres estaba cuando una antigua nota sobre un viaje de la selección argentina a la India, previo al mundial de México 1986, me llevó a recordar el libro "Memorias de un periodista deportivo" escrito por una de nuestras leyendas del periodismo, Héctor Vega Onesime, que supo ser redactor y luego jefe de redacción en varias publicaciones deportivas incluida la famosa revista "El gráfico".
En algún momento recordaré ese viaje histórico y las situaciones particulares en la que se desenvolvieron, las aventuras y la regular actuación de aquel equipo que un par de años después se llenaría de gloria en México obteniendo el segundo título mundial para mi país. Sin embargo, no es eso de lo que voy a hablar ahora, sino de otro tema muy distinto, cargado de nostalgia y de amor por una profesión que en muchas ocasiones denostamos: el periodismo deportivo y la forma de llegar a la afición de cualquier manera y a cualquier costo.
En la actualidad disfrutamos de trasmisiones perfectas, con imágenes y sonidos de la mejor calidad, nos extrañamos profundamente cuando un evento deportivo de calidad sufre cortes, imágenes "pixeladas" o caídas de señal, no es para nada habitual. Una gran cantidad de jóvenes y no tanto, disfrutan de esas trasmisiones que en otra época no eran nítidas, no tenían buen sonido y en más ocasiones de las que recuerdo todo se iba al demonio y nos quedábamos sin saber que ocurría con el partido o con la carrera que se estaba trasmitiendo en ese momento.
Y este tema viene a cuento de la trasmisión de los encuentros de aquella selección argentina en su aventura india, algunos periodistas que integraron la delegación recuerdan con cariño y admiración que los técnicos encargados de poner al aire sus palabras, no hablemos de imágenes porque era prácticamente imposible, eran verdaderos orfebres, artesanos del aire.
Corrian los primeros días de 1984, la trasmisión satelital desde la India era muy costosa, así y todo, se intentó, pero algunas desprolijidades organizativas lo hicieron imposible; quedaba solo la trasmisión radial y para ello fue necesario realizar una serie de malabares técnicos: hacer contacto con la central telefónica que le correspondía a la ubicación del estadio donde se disputaba la Copa Nehrú, desde allí un enlace vía Madrid, para llegar a Río de Janeiro por cable coaxial submarino para finalmente arribar a la Argentina gracias a los oficios de la compañía telefónica local. Una especie de atado por nudos que unía pedazos de cordel para que el largo alcanzara para cerrar el paquete, o lo que es lo mismo, lograr esa trasmisión que llegaba a nuestros hogares con las circunstancias de cada encuentro que disputaba nuestra selección dirigida por Carlos Salvador Bilardo. Una verdadera odisea radial.
En general no pensamos en todo lo que hay detrás de un relato o de unas imágenes de la TV, solo disfrutamos del espectáculo y nos enojamos si nuestro equipo favorito no prevalece, a veces hacemos centro de nuestras críticas a determinados periodistas por su particular forma de ver, trasmitir u opinar sobre un evento deportivo determinado; ellos son solo la cara o la voz visible de un equipo que trabaja a destajo para todo parezca normal y sencillo.
La nota en la que me baso deja de lado las dificultades técnicas, las trata solo como una anécdota más, luego se concentra en el desarrollo de aquella gira y los resultados deportivos. Mi mente quedó en lo anterior, por fuera de la parte deportiva, cautivado por un tema al que en general no le presto atención.
Jamás sabremos con exactitud lo que cuesta llegar a nuestros hogares, mucho menos lo que representaba tan solo 4 décadas atrás, solo algunas pocas palabras en esa nota; gran cantidad de técnicos e ingenieros han hecho verdaderos milagros para que nos enteráramos en vivo de lo que ocurría en las justas deportivas, tengámoslo presente, eran los artesanos del aire.
Craftsmen of the air
On these winter afternoons, when the cold is getting worse and the fear of seasonal illnesses is significant, there's nothing better than staying home (for those who can) and reading, watching an interesting TV program, or simply reminiscing about stories—if it's about sports, even better, because we can then share them here on the feed.
I was busy with those things when an old article about the Argentine national team's trip to India, before the 1986 World Cup in Mexico, led me to remember the book "Memoirs of a Sports Journalist," written by one of our journalism legends, Héctor Vega Onesime, who served as an editor and later editor-in-chief for several sports publications, including the famous magazine "El Gráfico."
At some point, I'll remember that historic trip and the unique circumstances surrounding it, the adventures, and the consistent performance of that team that, a couple of years later, would be filled with glory in Mexico, winning my country's second World Cup title. However, that's not what I'm going to talk about now, but rather a very different topic, filled with nostalgia and love for a profession we often disparage: sports journalism and the way it reaches fans by any means and at any cost.
Nowadays, we enjoy perfect broadcasts, with top-quality images and sounds. We are deeply surprised when a quality sporting event suffers interruptions, pixelated images, or signal drops; it's not at all common. A large number of young and old alike enjoy those broadcasts that, in other times weren't clear, didn't have good sound, and on more occasions than I can remember, everything went to hell, and we were left without knowing what was happening with the game or race being broadcast at that moment.
And this topic comes to mind regarding the broadcast of the Argentine national team's matches on their Indian adventure. Some journalists who were part of the delegation fondly and admiringly recall that the technicians in charge of broadcasting their words—let alone images, because it was practically impossible—were true craftsmen, artisans of the air.
It was the first days of 1984; satellite transmission from India was very expensive. Nevertheless, an attempt was made, but some organizational sloppiness made it impossible. Only the radio broadcast remained, and for that, a series of technical juggling acts were required: contacting the telephone exchange corresponding to the location of the stadium where the Nehru Cup was being played, from there a link via Madrid, then reaching Rio de Janeiro via submarine coaxial cable, and finally arriving in Argentina thanks to the efforts of the local telephone company. A kind of knotted tying of string together, tying pieces of string together so that the length was long enough to close the package. In other words, it was a broadcast that reached our homes with the details of each match played by our national team, coached by Carlos Salvador Bilardo. A true radio odyssey.
In general, we don't think about everything that lies behind a story or a TV image; we just enjoy the spectacle and get angry if our favorite team doesn't prevail. Sometimes we focus our criticism on certain journalists for their particular way of viewing, broadcasting, or giving their opinion on a particular sporting event. They are merely the visible face or voice of a team that works tirelessly to make everything seem normal and simple.
The article I'm basing this on leaves aside the technical difficulties, treating them as just another anecdote, and then focuses on the progress of that tour and the sporting results. My mind remained on the above, outside of the sports aspect, captivated by a topic to which I generally don't pay attention.
We'll never know exactly how much it costs to get to our homes, much less what it was just four decades ago—just a few words in that article. A large number of technicians and engineers have worked true miracles so that we could hear firsthand what was happening at sporting events. Let's remember, they were the artisans of the air.