La emoción de ver a un equipo recién ascendido enfrentarse al campeón de la Europa League tiene varias narrativas: la primera es el desafío por parte del equipo más pequeño por demostrar que merecen estar en primera división, el segundo es el del equipo grande aprovechando la oportunidad para establecer un ritmo, y una filosofía de juego, la cual lo acompañará en los enfrentamientos ante los otros equipos grandes, y en tercer lugar, en esta caso está la narrativa que prevalece por encima del rival, y es la responsabilidad de los equipos por dar un espectáculo al público, quienes trabajaron toda la semana, y sacrificaron otros gastos para poder comprar la entrada y asistir al partido. Vamos a sumarle a todas estas narrativas, una más especial, porque ya no era por parte de los espectadores en el estadio, o los aficionados de los dos equipos, en el fútbol de clubes también se integra la narrativa de las nacionalidades, cada país se siente orgulloso y apoya a sus representantes en las grandes ligas de Europa, en especial un país como Argentina, el cual está actualmente en una etapa única, porque la tradición de su exportación futbolística ha alcanzado niveles de una nueva excelencia, porque esta generación de argentinos viene de su segundo gran triunfo, luego de haber alcanzado la final del Mundial Brasil 2014, ahora tiene con la conquista de la Copa América un nuevo hito el cual marca una sensación con respecto al fútbol argentino.
Este partido era especial, porque nos trae la unión entre dos jugadores con estilos muy diferentes, con carreras distintas, pero con un encanto innegable, el Elche trajo a su filas a Dario “el pipa” Benedetto, y a Javier “el flaco” Pastore. A veces la esperanza se disfruta más que la certeza, aunque nos gusta ver a Messi meter tres goles, con dos asistencias de Di Maria, hay un sentimiento romántico al ver la actuación de hombres del estilo de Pastore, y Benedetto, porque se observa el juego de otra forma, es como la música, al ver un concierto de Metallica esperas una serie de sensaciones, especialmente del guitarrista y el baterista, en el caso de Pastore es como ver a un bajista en un cuarteto de jazz, su sutileza requiere de paciencia y atención para apreciar su genio, en el caso de Benedetto es como escuchar un tango, con la pasión ante cada pelota para ir al gol. El partido terminó con una victoria contundente del submarino amarillo, tanto Benedetto como Pastore vieron cerca de 20 minutos en el campo, pero dejaron una estela de elegancia, la cual nos pone expectantes a lo que puede hacer este Elche.
La voz de Pedro Wolf se ha convertido en una de las sorpresas más agradables dentro del mundo de la televisión, ahora en su fase de comentarista nos trae un tono familiar a cada encuentro, si bien el negocio del periodismo deportivo, especialmente el de los relatores y comentarista de fútbol tiene un grado de competitividad bastante alto, porque hay muchas personas buscando alcanzar objetivos muy particulares, todos quieren participar en el mejor partido, narrar la final del campeonato, y el siglo 21 nos trajo una meta muy particular de esta época, como lo es convertirse en las voces del videojuego Fifa, pero Pedro Wolf está en un momento distinto de su carrera, por más talento y proyección que pueda tener, su momento en el escenario del fútbol mundial está en una etapa de maduración, lo que significa relatar partidos de un perfil un poco más bajo, sin embargo esto no le quita mérito a su trabajo, al contrario el estar en ese momento de su carrera nos permita disfrutar de un conocedor del fútbol con un conjunto de habilidades especiales, ya que al estar con su padre el histórico Quique Wolf en Simplemente Fútbol, nos hemos familiarizado con su cara, y con su voz, de la mejor manera posible, porque Simplemente Fútbol es un programa dedicado a valorar la esencia del fútbol, más allá de la competencia, en este programa aprendemos y somos llevados por la familia Wolf en un viaje literario, donde a través de la música, el fútbol, y las palabras, nos adentramos a la belleza del deporte desde el sentimiento más sincero que puede haber como lo es la relación entre padre e hijo.