Me cuesta hablar de Usain Bolt como un ídolo del pasado, como una de esas viejas leyendas del deporte cuyas hazañas se van destiñendo en el olvido del tiempo. El legado que dejó tras de sí este Eolo del Caribe difícilmente pueda ser emulado en el futuro cercano, incluso cuesta creer que sus registros puedan ser superados en este siglo.
Imagen tomada de Marca
Y tenía que ser de Jamaica, tierra de velocístas, el hombre que tomó el testigo como el ser humano más veloz sobre el planeta, una distinción que lleva en sus piernas desde que era un chico de apenas quince años. Su pequeña porción de tierra en el medio del Caribe se rindió a sus pies cuando su figura delgada, casi sin constitución física, se convirtió en el atleta más joven en ganar la distancia de los 200 metros en un mundial juvenil, compitiendo contra hombres cinco años mayores que él, con más experiencias y surgidos de la disciplina científico-deportiva de los Estados Unidos.
Si bien Jamaica es conocida por sus extraordinarios velocístas todos son formados en el sistema de universidades de los Estados Unidos, pero Bolt fue la excepción, toda su formación como atleta la desarrollo sin salir de la isla lo que hace su leyenda más meritoria y el amor de su pueblo más latente. Eso lo supo desde ese evento mundial juvenil en Kingston, su carisma fue llenando los ojos de admiración de sus compatriotas y luego el resto del mundo.
Pero esa responsabilidad de ser la imagen de tu país y del atletismo mundial siendo apenas un adolescente pesa lo mismo que mil toneladas en la espalda, no cualquiera puede correr con semejante lastre. Eso lo padeció el Dios del Viento, su cuerpo seguía siendo frágil, el de un niño en transición hacia la adultez por lo que las lesiones no se hicieron esperar, unido a su falta de madurez emocional, las presiones de su país para verlo competir y falta de entrenamiento casi pusieron en peligro su carrera profesional.
Afortunadamente Bolt encarriló su destino siguiendo los consejos de su entrenador justo en su mejor momento y los resultados que se esperaban de él se hicieron presente. La medalla de plata en los 100 metros en el mundial de Osaka de 2007 fue un aviso, luego Nueva York sería testigo de su grandeza: 9.76 un nuevo récord mundial, ha nacido una estrella. Pero esto apenas empezaba, su gran vitrina lo representaba las olimpiadas de 2008 en Beijin, donde nació la "Boltmanía" y su leyenda se hacía gigante.
Parecía imposible que un hombre de 1.92 metros de altura sea tan rápido, pero así como el abejorro puede volar pues Bolt también puede quemar las pistas con sus pasos. El mundo quedó boquiabierto cuando el gigante caribeño congeló el cronómetro en unos impresionantes 9.69 segundos, varios cuerpos de distancias y casi caminando el último tramo hasta la línea de meta. No existe ser humano en ese entonces que no haya visto a Bolt convertirse en el hombre más rápido de todos los tiempos. Dos días después los 200 metros los marca en 19.30, la actuación más impactante en la historia del olimpismo se concretaba.
El mundo adoraba a Bolt (y aún lo hace) , no importa cual sea tu nacionalidad o tu deporte favorito, cada vez que este Eolo moderno se instalaba en su carril todos eramos jamaiquinos y ligábamos un triunfo más del mejor atleta de todos los tiempos. Todos los que vimos su actuación en la capital china sabíamos que podía bajar la marca, lo que nadie sospechaba fue que en 2009 en Berlin Bolt realizó la marca imposible de batir: 9.58 seg en los 100mts, listo,este hombre es inmortal. Después fue alargando su gesta: triple medallsita dorado en Beijing, Londres y Río de Janeiro, también en mundiales y hasta le ganó corriendo a un autobús en Buenos Aires.
Su despedida de las pistas no fue la que esperábamos, a sus 30 años y con todo logrado en la vida ya no había nada que le motivase a seguir adelante, le costaba entrenar, su mente estaba puesta en otros asuntos y los rigores de años entrenando y compitieron se desplomaron sobre él aquella noche en Londres en la final del mundial de 2017, cuando a mitad del recorrido abandonó la carrera producto de un tirón muscular que le indicó que ya es hora, el guerrero debe descansar.
¿Quíen llevará la batuta del atletismo olímpico ahora que Bolt se dedica a cuidar de su pequeña Olimpia, disfrutar de sus actuaciones como DJ sin dejar de ser la figura carismática de siempre? El destino nos dirá en Tokio quién será ese ser humano que tome la batuta de Bolt, mientras tanto solo nos queda desear lo mejor al Dios del Viento que vino de Jamaica.