Confieso que la mayor parte del juego que determinó al club campeón de Suramérica entre Santos y Palmeiras lo seguí peleando una batalla titánica contra Morfeo, así de soporífero fue. Afortunadamente el atacante Breno del Palmeiras dirigió un golpe de cabeza al fondo de la red casi al final de los minutos de alargue (8 más otros 4 por una escaramuza donde expulsaron al DT de Santos), 1-0 y ya, nuevo campeón.
Fuente: CONMEBOL
Salvo el gol, no pasó nada en 90 minutos y algo más, a decir esta final fue la demostración de la baja calidad que experimenta el fútbol de esta parte del mundo, independientemente de las dificultades por las que pasó el torneo producto de la pandemia que azota al mundo, y con especial agresividad en América del Sur.
Es curioso como dos equipos de Brasil, el país que todos los años exporta a Europa y el mundo grandes futbolistas, cuna de Pelé el rey de este deporte y especialmente creadores del "jogo bonito" un estilo de juego que deleita a quien lo observa, jugaron tan horriblemente, con más miedo que valentía, como esos boxeadores que se estudian en el primer round pero durante 90 minutos, es decir, un partido donde la táctica defensiva, rocosa, superó a la creatividad para intentar jugadas de ataque.
El hecho que la primera "paredinha", una jugada tan típica de los brasileños fue realizada en el minuto 78 del partido explica en gran medida cómo se desarrolló esta final, incluso, una nota interesante la aportó el hecho que el VAR nunca se usó (señal de que no pasó nada en todo el juego). Los jugadores habilidosos como Soteldo o Marihno apenas participaron en el encuentro, parecían aletargados, como impotentes en el terreno de juego.
Palmeiras y Santos apenas intentaron hacer algo en los 10 minutos finales, pero parecía que estaban más listos para para alargar la agonía del espectador que para darlo todo por anotar los goles, solo una jugada, proyección del lateral, un centro, duda del arquero y gol del delantero, listo, se hizo lo inesperado.
Para culminar debo hacerlo con una crítica a la insoportable narración y comentarios de los comunicadores argentinos que transmitieron la final, a cada rato aseguraban que los equipos de su país Boca y River habrían hecho un mejor papel en la final, pueslo dudo porque por algo no se ganaron ese derecho. Una vez más el campeón de la CONMEBOL es un equipo brasileño, hizo lo suficiente para ganar y hacer la diferencia y fue el mejor de todo el torneo, eso es indudable. Que viva el campeón.