Los conocía desde niño, tanto al olímpico como al de béisbol ya había presenciado algún juego al menos una vez al año por ser las sedes de mis equipos favoritos: Tiburones de la La Guaira y el Caracas F.C., pero cuando eres ucevista ya es otra cosa, ves a los estadios de otra manera, comosi fuera parte de tu casa, parte de tu vida.
Para mi fue un gran placer dirigirme todos los días desde mi casa hacia la Universidad Central de Venezuela (UCV) y justamente formarme en la Facultad de Ciencas Económicas y Sociales (FACES) allí a un paso del Olímpico. Desde la ventana del salón podía verlos, vacío me parecía imponente, pese a que su capacidad no era la gran cosa (menos de 30 mil personas cada uno).
Imagen de portal web UCV
En temporada de béisbol procuraba ir casi a diario a los juegos de los Tiburones,
o Leones, recuerdo que después de clase me dirigía a la biblioteca central y como a las 6:30pm los muchachos y yo nos encontrábamos en las taquillas de las gradas, allí donde las entradas son más económicas y a mitad de precio para los estudiantes. No habían sillas, el juego se veía desde lejos y el baño de cerveza estaba garantizado, pero no importa se disfrutaba muchísimo allí donde caen los jonrones.
El olimpico también era incómodo pero no querría estar en otro lugar más sabroso que la barra sur del Caracas F.C. en noche de Copa Libertadores. El "Dale, Dale, Dale, Rojo" retumba como un coro de ángeles carmesí con sus banderines, carteles y sombrillas animando al mejor equipo del país.
Pero también los estadios fueron mi refugio de amor, allí nos conocimos la que sería años más tarde mi esposa, furibunda fanática de los Leones y de los Rojos del Ávila. En los partídos de béisbol yo iba luciendo mi camisa de los Tiburones y ella la de rayas negras con el 53 de Bob Abreu, su león favorito. Por cierto más de una vez nos encontramos con la situación en que en la tarde jugaba un equipo y la terminar el partido comenzaba las acciones el otro y como buenos fanáticos debíamos cumplir con ambos.
Los estadios universitarios han sufrido muchas variaciones pero siempre serán parte de la UCV, de mi vida y de mis recuerdos, cuando vuelvo me acuerdo de mi época universitaria con mucha emoción, estos estadios no solo son patrimonio de la humanidad, también de mi corazón.