La Serie del Caribe pareciera uno de esos eventos que debieron morir dignamente hace algunos años, pero que por causas de tradición más que de competencia sigue extrañamente realizándose cada año. Es un hecho, cada vez es más difícil para los equipos pertenecientes a la Confederación del Caribe enviar delegaciones dignas del evento, a la vez que se sienten menos animados a organizarlo por los costes que esto conlleva, considerando también que la calidad de los equipos deja mucho que desear cada 365 días.
Es una realidad, los países involucrados en la llamada "Pequeña Serie Mundial del Caribe" no cuentan con las mejores condiciones económicas para hacerse cargo del evento una vez cada año, salvo México, el resto presentan muchas carencias económicas que siempre atentan contra la puesta en marcha de la fiesta del béisbol caribeño. Por otra parte, México, el único país con la capacidad monetaria e infraestructura para albergar la Serie ya no le anima como en otros años el disputar el evento deportivo.
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Necesario destacar que la calidad de los peloteros participantes es bastante discreta dada la ausencia de estrellas de las Grandes Ligas con los equipos/selecciones de cada país. Atrás quedó el llamado "Dream Team" de Puerto Rico, una verdadera constelación de jugadores estrellas de la gran carpa desde el primero al último en el orden al bate que ganó sin atenuantes la competición en su patio. Desde mi punto de vista, ese fue el mejor momento de la historia de la Serie del Caribe puesto que los demás equipos intentaron enviar peloteros de alta calidad los años siguientes para llevarse la gloria en su casa.
Pero llegaron los problemas, dos años seguido jugando en Miami casi mata para siempre el evento, especialmente aquella oportunidad que se desarrolló en un estadio de fútbol americano, luego México organizó el evento dos años consecutivos y lo resucitó de manera tal que de nuevo volvió la rotación de sedes entre los miembros principales, incluso un par de participaciones de equipos cubanos le dieron cierto aire de interés al evento.
Pero para nuestros países organizar la Serie del Caribe es una tarea que genera muchos costos de inversión y poco retorno, y con la situación mundial con respecto a la pandemia por COVID-19 se hace más difícil la puesta en marcha del mismo. Por otra parte las restricciones de los equipos de Grandes Ligas para la participación de sus peloteros en la serie repercute profundamente en el alejamiento del interés del público en seguir los juegos, en especial por el hecho que si con lo mejor que tienes no le puedes ganar a los dominicanos entonces es imposible superarlos con jugadores novatos o a un paso del retiro.
Necesario destacar la bajísima calidad de los equipos venezolanos en las últimas Series del Caribe, es una situación que aleja al público nacional del evento a sabiendas que sus peloteros no tienen la calidad para afrontar la cita del béisbol latinoamericano. Esta última temporada local ha demostrado que la calidad de los lanzadores es muy pobre en general y si el bateo falla, como suele suceder, muy poco se podrá hacer para competir dignamente ante Dominicanos, Boricuas, Mexicanos e invitados.
La Serie del Caribe fue linda mientras duró, además, si eventos más interesantes como el Clásico Mundial del Béisbol no pudieron seguir adelante nada extraño sería que en los próximos años las ligas caribeñas se sinceren y asuman que ya no hay forma de salvar esta pequeña serie mundial del béisbol caribeño.