No conocía este libro de uno de mis escritores favoritos, así que me he volcado en su lectura con gran interés y alegría.
Se publicó en 1957 y se refiere a su vida durante los años que se estableció en esta zona de los Estados Unidos, Big sur.
Me gustó mucho esa reflexión que hace en el libro sobre los artistas jóvenes que se acercaban a la zona, respecto al hecho de que la paz del lugar no era lo más conveniente para un artista que estuviera comenzando, ya que la lucha, el conflicto y privaciones, lo que Miller llama "más experiencia de primera mano de la vida", y alguna que otra vez un bocado de carne roja, le eran más necesarios para su maduración y para su obra.
Como siempre que leo a este escritor, me seduce ese lenguaje desenfadado, cercano, con sus ramalazos de humor y sobre todo ese pensamiento lúcido y original que se expresa de la manera más plástica y aunténtica.
Disfruté mucho también cuando habla de su infancia, recordando esos años de comienzos del siglo XX en Brooklyn, Nueva York:
Es maravillosa esa descripción del paisaje urbano en el que creció, con su aire contaminado pero también sus amigos y compañeros de juegos, y sobre todo la valoración a posteriori de que fue una vida buena, un primer paraíso que conserva intacto en su memoria.
Por otro lado, su entusiasmo al hablar de El Bosco es contagioso, consigue mostrarnos de manera nueva y bella a un pintor, que en mi caso, ya era uno de mis favoritos:
Sobre todo me gustó esa acotación respecto al hecho de que el mundo siempre sea tantas cosas para tantos seres diferentes y que pueda serlo y lo sea al mismo tiempo. También ese detalle de que depende de nosotros aceptar el mundo como un paraíso o convertirlo en un purgatorio.
En otro momento reflexiona sobre la manera como las personas se resignan a vivir de un modo sin atreverse a cambiar para tener una vida mejor:
Esa imagen de que incluso renunciar a las cadenas parece un sacrificio me resulta demoledora, y muy verdadera también esas líneas sobre el hecho de que nada se puede mejorar sin hacer algún sacrificio.
En este libro se nota un importante viraje del escritor hacia reflexiones espirituales, hacia una búsqueda del equilibrio interior, y eso lo encuentro en párrafos como el siguiente, donde se expresa una armonía profunda con la naturaleza, con las plantas, con los animales, con el todo:
Todavía no voy ni siquiera por la mitad del libro, pero ya son tantas las partes que me han encantado que quise comentarlo como quien se detiene en un momento de un camino para internalizar el paisaje que ya estado avanzando ante sus ojos.
Las fotos las he tomado yo mismo del libro que leo, que es una hermosa edición de Edhasa, del 2010, hecha en Barcelona.